domingo, febrero 08, 2015

Dicen que la patria es…



No sé si se han dado muchas objeciones las referencias patrias realizadas por Pablo el pasado 31, referencias que no sorprende a los amigos de “La Tuerka”.
En realidad no se trata de nada extraño, solo que desde la izquierda el concepto se había hecho repulsivo dada la infecta instrumentalización del concepto operada por parte del franquismo y de la derecha. El “españolismo” franquista nos causaba repulsión y nos avergonzaba como país, sobre todo por su radical impostura. Tanto es así que denominar “bando nacional” a la contrarrevolución militar-fascista se puede entender por el enorme peso de las armas, pero no por los hechos. Su “patria” era tan falsa como su Dios. Lo único que realmente les importaba eran sus privilegios y prebendas y por ellos no dudaron en establecer alianzas con el Hitler, Mussolni, en emplear las tropas coloniales o en garantizar sus beneficios a las empresas británicas. El grado de barbarie que manifestaron fue tan desmesurad que sus herederos no les importa que su España sea el segundo país del mundo en lo que respecta a desaparecidos, porque lo timo que quieren es reconocer la magnitud de un genocidio cuya sombra sigue todavía proyectándose entre nosotros.
El peso de su desprestigio llegó a ser tal que se hizo necesario recuperar otra palabra importante que habían monopolizado con su ordeno y mando: tradición. Recuerdo en este sentido que en mis inicios militantes y después de hacer una lectura de Menéndez Pelayo, la palabra me producía zarpullido. Hasta que en uno de los primeros números de la revista Triunfo encontré un artículo de Valeriano Bozal que hablaba sobre dos tradiciones. Citaba una discusión entre un carlista rancio y mi paisano José Mª Moreno Galván en la que este le recitó el enorme peso de nuestras tradiciones populares y heterodoxas. Reivindicaba una tradición de resistencia popular que se remitía por lo menos al Arcipreste de Hita.
En esa tradición se contaba por supuesto la resistencia del pueblo a una ocupación francesa ante la cual habían claudicado los mandos militares. Lástima que en aquella ocasión no sucediese lo que reclamaba Unamuno, a saber, que hubieran expulsado a los ocupantes pero que se hubieran quedado con sus ideas. La historia se volvió a repetir cuando una fracción militar fascista declaró la guerra a la República de las ideas, y el pueblo tuvo otra vez que defender sus tradiciones contra la oligarquía armada, otra odisea en la que la palabra patria fue vista desde ángulos opuestos.
Mutatis mutandi, los dilemas se vuelven a plantear desde el momento en que se hace visible la posibilidad de que sea el pueblo el que mande. Es desde este ángulo desde el que Pablo habla de la “patria”, el mismo que expresaba “Chicho” Sánchez Ferlosio en su “Canción de soldado” que cantaban los jóvenes comunistas en las excursiones clandestinas:

Dicen que la patria es
un fusil y una bandera.
Mi patria son mis hermanos
que están labrando la tierra.

Mi patria son mis hermanos
que están labrando la tierra
mientras aquí nos enseñan
cómo se mata en la guerra.

La pertenencia del concepto se hace viable desde el momento en que se precisa aquello que ya proclamaba Percy B. Shelley, que ningún pueblo puede ser realmente libre si oprime a otros. Desde este punto de vista, el patriotismo conecta con el internacionalismo y por lo tanto, adquiere un sentido opuesta al de los patriotas verbales que persisten en aquello primero mi nación con razón o sin ella. August Bebel decía que el antisemitismo era el socialismo de los imbéciles, y algo por el estilo se puede decir del patriotismo de los abanderados a los que no les importa que en nombre de España, su país este siendo esquilmado por las multinacionales, que su democracia dependa de los superpoderes en Bruselas y que los beneficios de una farmaceútica
Sin embargo, el franquismo fue lo menos patriótico
En el discurso pronunciado por Pablo Iglesias el sábado pasado en la Puerta del Sol fueron innumerables las referencias a la patria. “Hoy decimos patria con orgullo”, “nuestra patria es la gente“, “amamos a nuestro país”, llegó a decir Pablo Iglesias. Las alusiones al pueblo, sabio y valiente, contra las élites corruptas y los poderes financieros internacionales fueron constantes. Pero la sorpresa ha venido con el clarísimo intento de disputar la noción de patria al PP a costa de la “marca España”, acusando al PP de “vendepatrias” por su campaña de Marca España. “Nuestra patria no es una marca, nuestra patria es la gente. España no se vende“, ha dicho indignado Iglesias.
No se trata tanto de discutir sobre la marca España, que daría para mucho (o, más bien, para muy poco dado el poco armazón que la iniciativa ha tenido y lo mal gestionada que ha estado) sino de hacer notar cómo, poco a poco, Podemos va completando su giro hasta lo nacional-popular.
Podemos aspira a aprovechar el momento de crisis actual, que definen como “momento populista” para crear un gran movimiento nacional-popular. Y ese movimiento necesita dicotomías, el pueblo y la nación siempre necesitan un otro: el pueblo necesita una casta o élite corrupta contra el que crearse y afirmarse, la nación necesita un enemigo, quien la venda o haya vendido a otros (poderes financieros, la Troika o Merkel).
No se lo pierdan: Podemos va a disputar la nación española al PP. Para ello hay que desfigurar el nacionalismo del PP como el de ricos, egoístas, vendepatrias. “Llevan un pin o una pulsera con la bandera” pero son corruptos, no pagan impuestos, no defienden la sanidad pública ni la educación. ¿Es eso amar a la patria?” pregunta Pablo Iglesias. “No”, responde, “porque amar a la patria es creer en una comunidad que protege a todos los ciudadanos, que respeta la diversidad, que asegura que los niños van limpios y calzados a una escuela pública y que se atiende a los enfermos con los mejores medicamentos en los mejores hospitales”
¿Conclusión?: ¡nosotros somos la patria, ellos no! Nosotros somos España, la España orgullosa y sabia, el pueblo que se levantó en 1808 contra “una invasión intolerable” (aunque fuera para defender a rey absolutista…) Se han vuelto nacionalistas los líderes de Podemos? No exactamente.
Está registrado en múltiples discursos, escritos e intervenciones de Iñigo Errejón. Es su argumento principal, y el motor que impele la estrategia de Podemos para llegar al poder. Ningún proyecto de izquierdas, ha dicho Errejón en numerosas ocasiones, ha logrado triunfar y llegar al poder sin antes implantarse en la sociedad primero como un proyecto de corte nacional-popular. Es lo que muestra la experiencia de América Latina, y es de lo que Errejón escribió su tesis doctoral. Que las naciones no existan como tales, han dicho los líderes de Podemos en múltiples ocasiones, no quiere decir que sean objetos inútiles: al revés, son el principal y más potente agregador de significados políticos que se ha inventado. Quien disputa y gana el concepto de nación, si además le suma el concepto de democracia, tiene ganada la batalla.
Democracia, soberanía, derechos sociales. Son los tres ejes sobre los que Podemos está construyendo su proyecto hegemómico. Son ejes ganadores, y lo saben, pues nadie está en contra de ellos, son “significantes flotantes” (que diría el maestro intelectual de Errejón, el argentino Ernesto Laclau) que hay que disputar y anclar. Podemos quiere una “nueva mayoría” formada por gente corriente que recupere la dignidad, la democracia, la soberanía y los derechos sociales. Defender eso es ser patriota, dice Pablo Iglesias, porque eso es la patria. La patria, la nación, han estado demasiado tiempo en manos de la derecha. Ha llegado la hora de arrebatársela.
Dicen que la patria es…

Pepe Gutiérrez-Álvarez

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