jueves, junio 18, 2015

Economía mundial: Quemando las naves



El balance pos crisis 2008, los pronósticos y las nuevas debilidades de la economía mundial, fueron tema recurrente de la prensa británica esta semana. Martin Wolf, Gabyn Davies y Willem Buiter, intercambian opiniones en Financial Times. The Economist editorializa sobre el tema ilustrando su portada con una imagen en la que un soldado luego de haber derrotado a un dragón, se encamina hacia las fauces de otro. El consenso entre la mayor parte de los economistas indica que la tasa de crecimiento mundial en 2015 rondará el 3% y que la tasa de crecimiento de Estados Unidos se ubicará ligeramente por encima de su tendencia del 2,25% de los últimos años, superando la debilidad del primer trimestre a la que asignan carácter coyuntural. Los salarios estancados estarían empezando a aumentar en Norteamérica. El desempleo cae ligeramente en Europa, los precios empiezan a subir y una leve recuperación de la Eurozona podría tomar cuerpo, aunque sólo como fenómeno cíclico. Japón tuvo un crecimiento alto el primer trimestre. Es probable que la Reserva Federal Norteamericana y el Banco de Inglaterra inicien un alza de las tasas de interés mientras Japón y Europa las mantendrán en niveles muy bajos. Por primera vez desde 2007, todas las economías de los países ricos crecerán y de conjunto deberían superar el 2% con lo cual la brecha entre Estados Unidos y el resto, sería más pequeña. Martin wolf concluye que parecería haber consenso respecto de una constante, aunque modesta, recuperación de los países centrales con una tendencia a la convergencia entre ellos. Según The Economist, aún cuando la lucha fue larga y ardua, mirando a través de las maltratadas economías de los países ricos, llegó el momento de declarar que se ha ganado la lucha contra el caos financiero y la deflación. Sin embargo, no todas son buenas.

Vulnerabilidades

Según los economistas, no obstante, asoman riesgos sustanciales, tanto viejos como nuevos. Entre ellos, Europa está inundada de deudas y es extremadamente dependiente de sus exportaciones. Continúa un fuerte desequilibrio comercial entre Alemania y el resto de la Eurozona, por lo que tampoco puede descartarse una nueva recesión. Japón no puede lograr que la inflación se afiance para salir definitivamente del proceso deflacionario. La relación promedio entre deuda y PIB en los países ricos aumentó en un 50% desde 2007. En Gran Bretaña y España la deuda se ha más que duplicado. El crecimiento de los salarios en Estados Unidos podría perjudicar las ganancias empresariales. Las economías de los países llamados “emergentes” que fueron responsables por la mayor parte del crecimiento durante los años posteriores a la crisis, no están pasando su mejor momento. Se espera para este año una contracción de las economías de Brasil y Rusia. China, por su parte, podría estar desacelerándose a una velocidad mayor de la deseada por el gobierno. De hecho y de menor a mayor los temores de los economistas están centrados en la posibilidad siempre presente de un “Grexit” -salida de Grecia de la zona del euro-, de un “Brexit” -salida de Gran Bretaña de la Unión Europea que a su vez podría impulsar la separación de Escocia y la desintegración del “Reino”-, un “aterrizaje forzoso” de China que inevitablemente dañaría a la economía mundial y por último y aún más riesgoso, las condiciones de la “normalización” de la política monetaria norteamericana. Este último es, a ciencia cierta, el verdadero punto crítico al que en particular The Economist, le dedica su editorial prácticamente entera. A continuación, las causas.

Una buena y una mala

Los economistas estilan definir esquemas sumatorios en los que el mundo se presenta dividido entre las buenas y las malas noticias. Entonces, siguiendo su método, se podría decir que tienen “una buena” para contar: la economía mundial evitó la catástrofe apelando fundamentalmente a bajas tasas de interés, y “una mala”: habiendo agotado el arsenal, los gobiernos y bancos centrales no tendrán munición para enfrentar una eventual nueva recesión. Como dice The Economist, si alguna de las vulnerabilidades mencionadas provocara una recesión, el mundo estará en una posición deteriorada como para hacer demasiado al respecto. Rara vez tantas grandes economías han estado tan mal equipadas –enfatiza el semanario- para manejar una recesión, cualquiera sea su procedencia. Pero como en realidad el origen de las “mejores noticias” en tiempos recientes es Estados Unidos, el problema se plantea allí con una jerarquía particular cuando de hacer frente a vulnerabilidades de cualquier origen se trata. La cuestión tiene como epicentro las discusiones de la Reserva Federal Norteamericana sobre el “momento oportuno” para el incremento de las tasas de interés. Y entonces, continúa The Economist señalando que si la respuesta lógica al problema planteado sería volver lo más pronto posible a la “normalidad”, o sea subir las tasas como para que bancos centrales y gobiernos tengan margen para recortarlas cuando el problema se presente, se revela que lo lógico, resulta equivocado. Extraño razonamiento sobre todo cuando no se busca superar ni en un milímetro la lógica formal. El semanario agrega –contra el ala dura de la Fed- que el aumento de las tasas mientras los salarios aún están planchados y la inflación está muy por debajo de las metas del banco central, amenaza empujar a la economía otra vez al borde de la recesión que se buscaba evitar. Agregando que es preferible una inflación un poco por encima de la meta que un alza prematura de las tasas de interés. Remarca que si bien es cierto que las tasas excesivamente bajas están inflando los precios de los activos y creando riesgos a largo plazo, estos riesgos son manejables y que una economía con pleno empleo y un nivel saludable de inflación, estará en mejores condiciones para resistir un ataque de inestabilidad financiera que una que está coqueteando con la deflación. Nadie en su sano juicio podría discutir una afirmación semejante, aunque sin embargo el problema planteado inicialmente era otro: las tasas históricamente bajas, necesarias para contener la crisis, agotan los mecanismos para enfrentar una nueva recesión.

Incongruencias del capital

El problema es que The Economist, la Reserva Federal y todos los economistas del mainstream se encuentran frente a una paradoja. Algunos de sus miembros como Larry Summers se han visto en la necesidad de exponerla como tal. Su tesis del estancamiento secular constata precisamente el hecho de que la economía se encuentra frente a un fenómeno excepcional. Bajo las condiciones actuales -esto es pos-crisis 2008- el nivel de tasas de interés real que permitiría alcanzar el “pleno empleo” se ubica en un nivel más bajo del que los “mercados” o las intervenciones gubernamentales efectivamente pueden sostener. Incluso frente a la versión de la tesis del estancamiento secular que el extinto economista Alvin Hansen había formulado en los años ‘30, Summers sostiene que la peculiaridad actual es que la baja inflación en Estados Unidos y las tendencias a la deflación en Europa, dificultan aún más la reducción de las tasas de interés reales. De modo que no sólo las bajas tasas necesarias para mantener la economía a flote, se convierten en un factor de inestabilidad permanente sino que los pagos de deuda se incrementan en términos reales, debido a las tendencias deflacionarias. En ese contexto, las políticas monetarias estrujan y agotan su propio mecanismo de rescate, invalidándolo en caso de tener que enfrentar nuevas crisis. De este modo, si se mantiene un nivel de crecimiento económico que evite la recesión, ello será a causa de una tasa de interés por debajo del mínimo histórico, lo que guardará permanentemente altos riesgos financieros y una baja capacidad de defensa del propio sistema. Pero a decir verdad, esta cuestión de las tasas de interés, como al menos en términos formales alerta Summers y varios otros economistas, no es más que una manifestación de problemas mucho más profundos que enfrenta el capital tales como el de la inversión, el de la productividad e incluso el de la desigualdad. Sin embargo, The Economist, al machacar con el concepto de que pocas economías han logrado crecer durante una década sin caer en la recesión -por lo que tarde o temprano las autoridades norteamericanas enfrentarán una-, pretende colocar en términos de “ciclos clásicos” lo que en realidad es síntoma de un agudo problema histórico al que se enfrentará el capital en los próximos años y probablemente, décadas. Los elementos de recuperación coyuntural -que incluso pueden actuar como una nueva bocanada de oxígeno para la lucha de clases- deben ser considerados en función de todos los límites a los que los someten los grandes dilemas estructurales del largo plazo.

Paula Bach

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