martes, noviembre 21, 2017

El combate de Vuelta de Obligado, ¿un hito en la soberanía nacional?



El 20 de noviembre se conmemora el “Día de la Soberanía Nacional”. El verdadero trasfondo del combate de Vuelta de Obligado.

Entre las múltiples facetas que los conflictos bélicos suelen exponer, la dimensión política es una fundamental. Como asunto de Estado, pueden actuar para legitimar poderes públicos, afianzar identidades o agudizar controversias. El combate de Vuelta de Obligado pertenece a este género de eventos. Su importancia en la historia nacional no se debe a la magnitud ni al volumen de recursos que puso en juego, sino al sentido histórico con el que ha sido interpretado y reconstruído en distintos momentos políticos.

¿De qué hablamos?

Situemos los eventos históricamente. En noviembre de 1845 dos de las principales potencias europeas de la época, Francia e Inglaterra, con flotas de guerra secundadas por casi un centenar de barcos mercantes, deciden avanzar sobre las costas del territorio del Río de la Plata, más precisamente sobre el río Paraná.
El nombre con el que se recuerda esta avanzada y el combate emprendido se debe al lugar donde el cauce del río se angosta y gira (Vuelta de Obligado), sitio en el que las tropas de la Confederación rosista, al mando del general Lucio N. Mansilla, intentaron bloquear con audacia y firmeza el paso de esas fuerzas extranjeras. Este hecho se recuerda como “Día de la Soberanía” instaurado como feriado nacional por el kirchnerismo, reivindicando la figura de Rosas.
Las potencias extranjeras apelaron a pretextos varios para llevar adelante esta avanzada. Alegaron buscar “pacificar” la Banda Oriental. Esa ciudad estaba atravesada por un prolongado conflicto interno que definía reagrupamientos de distintos actores de la región. Brasil había abandonado su prescindencia inicial, una vez alejado el peligro sublevacionista de Río Grande del Sur, y junto a Francia, Inglaterra y los porteños exiliados, apoyaban al caudillo oriental Rivera (el ala burguesa mercantil vinculada al comercio exterior) enfrentado al bando oribista que con apoyo de Rosas mantenía el sitio de Montevideo. Años antes Oribe se había negado a colaborar con Francia en el bloqueo a Buenos Aires. Las potencias alegaban también actuar en defensa del comercio en la región y la libre circulación de los ríos Paraná y Uruguay, que habían sido clausurados a la navegación de toda flota extranjera por Rosas.
Si bien las fuerzas de la Confederación no lograron su propósito militar en el combate y son superadas rápidamente, las potencias extranjeras tampoco consiguen todos sus objetivos. Victoriosas en los enfrentamientos, descubrieron que los mercados internos del litoral no poseían el dinamismo económico con el que especulaban y la presión del gobierno británico para normalizar los negocios hizo lo suyo para iniciar su retirada.

Objetivos británicos

Entonces... ¿había sido Inglaterra doblegada en sus ambiciones? La respuesta es contradictoria. Revolución industrial mediante, la crisis económica que hacia finales de la década del 1830 impacta en ese país, puso en evidencia que su adelantado desarrollo industrial había saturado de productos sus mercados y necesitaba ampliar sus áreas de influencia, acorde a la potencia económica en que se había transformado. Mejorar su situación en el sur del continente se presentaba como una opción viable de negocios y prometedora de una nueva etapa en el histórico vínculo con la región.
Por otro lado, la cuenca del Río de la Plata fue durante décadas uno de los ejes más dinámicos para la producción pecuaria y el comercio, área en la que los ríos Paraguay y el generoso Paraná actuaban como vías de integración de ese territorio, cuyo destino de ultramar, tanto para la importación, como la exportación se realizaba a través de los puertos de Buenos Aires y Montevideo. Sin dudas, el control del litoral y la libre navegación de sus ríos era vital para cualquier Estado por los recursos públicos que generaban. Según J. A. Ramos, “los ingleses planeaban en su correspondencia diplomática la balcanización, como lo demuestran las investigaciones contemporáneas en los archivos del Foreing Office. Un agente británico escribía a Londres: El reconocimiento del Paraguay; conjuntamente con el posible reconocimiento de Corrientes y Entre Ríos, y su erección en estados independientes aseguraría la navegación del Paraná y del Uruguay. Podría así evitarse la dificultad de insistir sobre la libre navegación que nosotros hemos rechazado en el caso del río San Lorenzo”.
Ante la posible rendición de la Banda Oriental a Buenos Aires, que parecía cada vez más cercana en noviembre de 1845, agotadas las negociaciones y ultimátum presentados a Rosas, las potencias decidieron romper por la fuerza las amarras que imponían los hacendados porteños. La superioridad militar, técnica y de recursos alentaron a la corona británica a emprender esa aventura que finalmente no ofreció todas las perspectivas esperadas. ¿Este revés supuso para Inglaterra pérdidas irrecuperables? De ninguna manera. Lo mejor sería definirla como un fracaso táctico, pues su política colonialista no desapareció, adoptó un nuevo ropaje: abandonaba la intervención armada, “la política de las cañoneras” como se la llamó, para reemplazarla por la diplomática.
Hacia 1846 Lord Palmerston, el nuevo ministro a cargo de las relaciones, impone finalmente una línea de negociación que culminó en los acuerdos de 1849 (tratado Arana-Southern) en los que Gran Bretaña no resigna el que era su objetivo primario, la liberación de Montevideo (y con ella su estratégico puerto), pues Rosas se comprometía a retirar sus fuerzas de esa ciudad. A cambio Inglaterra asumía el compromiso de evacuar la isla Martín García, poner fin al bloqueo y el reconocimiento de la navegación del Paraná como un asunto interno de la Confederación. Negociación que le permitía, resignando el interior, continuar los negocios con Buenos Aires y evitar la estratégica incorporación de la Banda Oriental a la Confederación, conservando también esa base naval estratégica. Se preservaba un antiguo propósito de la diplomacia británica desde la época de lord Ponsonby, evitar que los negocios en las costas orientales del Río de la Plata quedaran en manos de dos estados (Brasil y Argentina), otorgando protección a la Banda Oriental para lograrlo. Un año después se sellaría el tratado Arana-Leprèdour con Francia, bajo términos similares.

¿Y Rosas?

En este punto comienza el debate. ¿Encabezó Rosas la resistencia a un nuevo capítulo de la opresión nacional inglesa? Desde el punto de vista de los objetivos británicos es claro que Rosas, sin cuestionar los vínculos estratégicos, no estaba dispuesto a permitir la intervención militar de las potencias extranjeras y obligó a Inglaterra a replantear su táctica. Pero... ¿es posible reducir la epopeya a la osadía? ¿Reivindicar el gesto excluyente de la batalla? Claramente no.
Como engranajes de las guerras las batallas pueden considerarse sus instrumentos, formas de continuar relaciones y motivaciones políticas con otros medios. ¿Cuáles eran los de Rosas? ¿Qué propósitos tuvo? Si bien las rivalidades y conflictos entre los dos puertos se extendieron por varias décadas (al menos desde la creación de la Aduana oriental en 1778), la intervención directa extranjera amenazó en otros términos la privilegiada situación de Buenos Aires. Los límites que Rosas impuso a la política militar colonialista británica y francesa no tenían una pizca de defensa del interés “nacional”. Al presentar batalla, Rosas se propuso asegurar el control absoluto de los recursos de la Confederación, más precisamente los intereses vitales de Buenos Aires; buscó consolidar y preservar la inicial acumulación de capital de los hacendados porteños y sus saladeros, que desde la década de 1820 con la expansión de la frontera productiva y el aumento del stock ganadero, sin grandes inversiones de capital, habían logrado elevar el nivel general de la producción de la campaña y la producción para la exportación. Como señala agudamente Peña “es indiscutible que defendió la independencia del país – de su país, el país de los estancieros porteños, contra todos los intentos de colonización”.
En ese sentido más que un ideario nacionalista, el rosismo supo resolver, en la diversidad de coyunturas, los problemas que enfrentaron los sectores hacendados vinculados a la estancia y al saladero (“la pequeña industria del cuero, la sal y el tasajo”), a costa de las potencialidades relegadas del resto de las provincias.
Rosas impuso a los sectores comerciales porteños, dependientes e intermediarios del capitalismo europeo y favorables al libre comercio, los intereses del sector terrateniente vinculado más directamente a las fuerzas productivas del país (asentados en la gran propiedad de la tierra), sostén principal de la producción y fuente genuina de la centralización política durante sus mandatos. Sus intereses (los de la elite comercial y terrateniente) confluirán, luego de la derrota de Rosas en Caseros (1852), en los años siguientes ante la oportunidad de negocios que ofrecía el refinamiento del ganado ovino asociado a la “fiebre del lanar” en el mercado mundial, casualmente el inglés.
El combate de Vuelta de Obligado puede recuperarse como un acto de reafirmación política contra la injerencia extranjera. Pero como señala Peña la única “bandera” que Rosas defendió se llamaba puerto de Buenos Aires. Su política buscó preservar las bases económicas fundamentales de la precaria hegemonía política de una clase en formación, que no estaba interesada en desarrollar ningún camino autónomo o nacional como demostró en 1852 el proyecto secesionista de Buenos Aires.
Vuelta de Obligado dejó un legado menos recordado, el de la pax rosista. Rosas logró utilizar los conflictos externos para construir su poder y liderazgo, apelando al respaldo de los sectores populares y el establecimiento del orden interno que incluía el control de los conflictos civiles, la persecución indígena y la transformación del gaucho/peón, condiciones necesarias para favorecer la expansión de la campaña ganadera y los intereses de clase de un capitalismo atrasado y semicolonial en formación.

Liliana O. Caló
@LilianaOgCa

Fuentes

Peña, Milcíades, Historia del pueblo argentino, Buenos Aires, Planeta.
Jorge Abelardo Ramos, Revolución y Contra Revolución en la Argentina. Las Masas y las Lanzas.
(https://issuu.com/movidorrego/docs/ramos_jorge_abelardo._las_masas_y_l/160)

Educación y Revolución rusa: ellos se atrevieron



Enseñanza mixta, un gran proceso de alfabetización, la abolición de los exámenes y los premios, creación y construcción de jardines, entre otras medidas, fueron la política de la dirección del Partido Bolchevique durante los primeros años de la primera revolución triunfante.

En 1925, el educador T. E. Segalov escribió, “La forma en que una sociedad dada protege a la niñez refleja su nivel económico y cultural existente”. A 100 años de la magnífica revolución que llevó a la clase obrera en Rusia a construir su propio estado, y la visión avanzada de los dirigentes del Partido Bolchevique, tuvo su repercusión directa en la organización de la educación en una nueva sociedad basada en la expropiación de los medios de producción.
Muchas las medidas más inmediatas fueron pensadas en los primeros años de la revolución, los años más creativos, y eran tomadas como medidas transicionales hacia una nueva sociedad por construir (y sobre los estivos de una vieja sociedad por sepultar), que era el comunismo y la liquidación de las clases sociales.

Los primeros pasos de la revolución

El primer paso es la creación, en noviembre de 1917 del Narkompros, el Comisariado Popular de Educación que como primer medida nacionaliza todas las instituciones educativas y decreta la separación Iglesia – Escuela (Estado) y la unificación del sistema escolar. Anatoli Vasílevich Lunacharski, fue nombrado el primer Comisario del Pueblo para la Educación y la tarea organizativa central que afrontaba era la administración del sistema escolar.
Aquí se formularon los principios básicos de la reforma de la enseñanza y creó gran cantidad de guarderías como educación pre escolar (muy avanzado para la época), y una incipiente construcción de jardines de infancia llevando la educación obligatoria a partir de los 3 años de edad combinado con colonias infantiles.
En las primeras medidas del Partido Bolchevique, se preparaba una inmensa revolución política y pedagógica. Como primera medida, se construyó desde el estado obrero un gran plan de alfabetización. Esto se entiende con los datos sobre analfabetismo del régimen Zarista, que a finales del siglo XIX supera el 78% de la población.
Para los bolcheviques, el problema del analfabetismo como uno de sus principales retos a superar. Por lo tanto, todos los jóvenes y trabajadores que supieran leer y escribir fueron movilizados en un gigantesco plan de alfabetización (mayormente al campo), junto con la publicación de colecciones populares de los clásicos para ser vendidos a precio de costo. Los obreros que sabían leer y escribir jugaron un rol clave.
Otra de las medidas más importantes ni bien la toma del poder, es el establecimiento de la escolaridad mixta y se le dio a la educación un carácter politécnico y colectivo.
La revolución abolió los exámenes y decretó que las escuelas fueran regidas por un consejo del que formaban parte los trabajadores del establecimiento, los representantes de las organizaciones obreras locales y los estudiantes mayores de doce años. Bastaron pocos meses de poder obrero, para que se proclamara la gratuidad de la enseñanza universitaria. También se anularon los deberes y los exámenes así como las gratificaciones en forma de medallas de oro y plata.
El Narkomprós sostuvo que el sistema educativo debería hacer posible que el hijo de un obrero industrial fuera obrero en una fábrica, o director de una industria, o miembro de la Academia de Ciencias, sin que la elección profesional quedara restringida desde una edad temprana. Esto significaba educación general universal tanto a nivel de primaria como de secundaria. Descartaba la posibilidad de la temprana especialización profesional en las escuelas y del aprendizaje de oficios por los niños en edad escolar.
De este modo, la Escuela única de Trabajo, de acuerdo con el programa del Narkomprós, era politécnica, pero no profesional, enseñaba una diversidad de oficios manuales sin especializar en ninguno de ellos ni proporcionar una preparación profesional ni comercial.
Los niveles educativos se distribuían desde los tres a los ocho años como educación preescolar en los jardines de infancia (que incluía también para los más pequeños guarderías, ya que la mujer trabajaba igual que un hombre y no podía dedicarse en exclusividad al cuidado de los hijos). El siguiente escalón sería la escuela primaria, que en este periodo se hace obligatoria, desde los ocho a los quince años (lo que se denominó “educación escolar de siete años” en comparación con los planes quinquenales del gobierno para la economía).
Cuando los bolcheviques llegaron al poder en 1917 estaban convencidos de que bajo el socialismo la familia “se extinguiría”. Imaginaron una sociedad en la que los comedores comunales, las guarderías y lavanderías públicas reemplazarían el trabajo no remunerado de las mujeres en el hogar, a sabiendas que son las mujeres las que cargan principalmente con la tareas domesticas, y con la crianza de los niños. Esta eliminación de la carga del trabajo doméstico sería un aspecto clave de la liberación de la mujer en la revolución. El problema de la infancia y de la educación, tenía como punta de lanza la emancipación de la mujer de las tareas domésticas y entre ellas, de la crianza de los hijos.
Según León Trotsky, la intención integral de los revolucionarios era el de crear “…un sistema acabado de servicios sociales: maternidades, casas cuna, jardines de infancia, restaurantes, lavanderías, dispensarios, hospitales, sanatorios, organizaciones deportivas, cines, teatros, etc. La absorción completa de las funciones económicas de la familia por la sociedad socialista, al unir a toda una generación por la solidaridad y la asistencia mutua, debía proporcionar a la mujer, y en consecuencia, a la pareja, una verdadera emancipación del yugo secular.” [1]
A 100 años de la Revolución Rusa, vemos lo avanzado de las ideas socialistas de los dirigentes del Partido Bolchevique en los primeros años, encarnados en las figuras de Lenin y Trotsky y de tantos otros que dieron su vida por estos ideales. Sabemos que no se trata de repetir mecánicamente en nuestros tiempos esta experiencia, sino de poner en valor su herencia para las revoluciones que tarde o temprano vendrán [2]. Quedará para otro artículo los retrocesos en este terreno en el período Stalinista, y el análisis de las diferentes corrientes pedagógicas en puga en la Rusia Revolucionaria.
En Argentina, son 715.484 los chicos de 5 a 15 años realizan trabajo infantil y el 47,7 por ciento de los hogares con niños y adolescentes no cubren la canasta básica y que 5,6 millones de niños son pobres y, de ellos, 1,3 millón está en la indigencia. Mientras que más tres millones de chicos y chicas de entre 45 días y 5 años que no van al jardín. Un gran flagelo a la infancia.
Queremos cambiar de verdad el mundo tal como hicieron los Bolcheviques, expropiando a los expropiadores y rompiendo las cadenas del capital. Esta pelea no puede darse sino a través del mismo proceso mediante el cual la clave obrera se organiza y toma conciencia, y construye su propio partido. Por ello mientras luchamos por la transformación de la educación, al mismo tiempo luchamos por la emancipación de la clase trabajadora. Queremos transformar la sociedad para cambiar la escuela, y transformar la escuela para aportar en la lucha por otra sociedad.

Federico Puy
Docente, Congresal UTE-CTERA

La República Socialista Soviética de Irán

Entre los impactos de la Revolución de Octubre de Rusia en Oriente Próximo destaca la proclamación de Jomhuri-e Sosialisti-e Shouravi-e Irán «República Socialista Soviética de Irán» (RSSI) en 1921 a la orillas del mar Caspio, en Guilán, la región boscosa del norte de Irán.
El primer gobierno de los trabajadores en Irán y también de Asia fue el resultado de dos décadas de lucha de las fuerzas progresistas que empezó en 1905 con la Revolución Constitucional, y cuyo objetivo fue limitar el poder absolutista de los monarcas, mediante el parlamento y la constitución. Es el mismo año que en el país vecino se estalla la Revolución Rusa contra el zar Nicolás II. Irán, después de los seis años que duró la revolución, consiguió sus objetivos aunque la “Santa Alianza” entre el clérigo reaccionario, la aristocracia y el colonialismo británico los desvirtuaron. Pero, la lucha continua: los revolucionarios se trasladaron a Guilán, convirtiéndole en una plataforma para ir a liberar el resto de aquel inmenso y estratégico país.

El Movimiento de la Selva

En 1915 un grupo de trescientos guerrilleros, liderado por Mirza Kuchek Khan, se lanzó a liberar pueblo a pueblo de Guilán hasta tomar el control de toda la región en 1916. Así empieza la leyenda de Yonbesh-e Yangal «Movimiento de la Selva» para expulsar al imperialismo ruso del norte de Irán, que se había apoderado de las tierras fértiles, matando de hambre y explotación a los lugareños.
Transcurrida la Primera Guerra Mundial, y mientras las tropas zaristas habían ocupado el norte de Irán, las británicas se habían hecho con el control del sur petrolífero y de la propia Teherán. Mirza, un joven patriota que simpatizaba con el islamismo y el imperio otomano “musulmán”, dirigía un movimiento de naturaleza heterogénea, compuesto por jornaleros, campesinos y artesanos. Carecía de un programa político-económico para transformar la situación y se financiaba con el rescate que cobraba por la liberación de los terratenientes que previamente secuestraba. Su peculiar método de chantaje cruzó las fronteras de la región: En 1916, cuando el líder comunista Soleiman Eskandari fue arrestado en Teherán por los británicos, los yangalíes se llevaron al vicecónsul británico Charles Maclaren, y varios militares y los canjearon semanas después.
En febrero del 1917 la Revolución de Febrero en Rusia sacudió Irán y especialmente el norte: el ejército zarista se desintegró, dejando el camino libre para que los yangalíes salieran de la selva y tomaran el poder en toda la región. Eran conscientes de que sin el apoyo del resto de Irán y también de una gran potencia, mantenerlo sería tarea difícil. Por lo que Mirza decidió buscar el respaldo de los comunistas iraníes y los bolcheviques rusos, y una vez conseguido, el 5 de junio de 1920 proclama la República Socialista Soviética de Irán» (RSSI).
Sin embargo Mirza no era socialista y no tenía ninguna intención de poner en marcha reformas de ésta índole, por lo que su oposición al reparto de tierras entre los campesinos fue el motivo de que cientos de republicanos, incluido su número dos, Ehsanolá Dustdar (1883-1939) se “convirtieran” al marxismo. En una carta dirigida a Lenin, Mirza le había recordado al líder bolchevique la santidad de la propiedad en el Islam: “ la nación iraní no está dispuesta de aplicar el programa bolchevique “. De modo que, respaldada por la Revolución de Febrero rusa, el ala de extrema izquierda comunista dirigida por Ehsanolá (apodado “Camarada Rojo”) organiza un golpe de estado contra Mirza con el visto bueno de Moscú, y proclama la República Socialista Soviética de Irán (RSSI), poniendo en marcha la desamortización y la expropiación de las propiedades de los terratenientes, acompañadas por una fuerte propaganda antirreligiosa. El resultado fue la resistencia armada de los señores feudales, el desplazamiento de miles de personas, y una hambruna generalizada a causa de la quema de los cultivos por los contrarrevolucionarios.
Proteger la RSSI se convierte para León Trotsky en una prioridad, por lo que envía en mayo de 1920 la Flota Soviética del Caspio a las costas de la ciudad iraní de Anzali, para perseguir oficialmente a los rusos “blancos” del general Denikin refugiados en Irán, aunque su objetivo real fue proporcionar a la republica iraní asesores, financiación y 15.000 soldados y voluntarios del Ejército Rojo.
En medio de esta tensión Ehsanolá decide que es hora de liberar el resto del país, y envía al Ejército Rojo de Irán, formado por tan sólo 5.000 soldados y voluntarios poco equipados, a la conquista de Teherán. Obviamente, nada más salir de Guilán son derrotados por las tropas gubernamentales.

Tercera y última etapa

El sentido común llegará de la mano del Partido Socialdemócrata (comunista) de Irán, y su destacada figura Heidar Amu Oghli (1880-1921), un veterano revolucionario, hombre culto que había estudiado ingeniería eléctrica y dominaba ocho idiomas (entre ellos inglés, francés, ruso e italiano).
Oghli, que había conocido a Lenin en su exilio en Suiza y fue representante de Irán en la Internacional Comunista del 1919, aplica la decisión tomada por el Congreso de los Pueblos de Oriente de formar amplias alianzas para formar gobiernos democráticos, como paso previo a construir el socialismo.
Heydar Khan creía que las condiciones de Irán no estaban preparadas para una república socialista e intentó promover un gobierno democrático de las fuerzas progresistas, creando un gobierno de coalición, integrando a Mirza y Ehsanolá en el “Comité Bolchevique”, impidiendo la caída de la RSSI. Mientras, con la Revolución de Octubre soviética las reformas sociales se aceleran: se forman “concejos” populares en el campo y la ciudad; los jornaleros y los campesinos pobres reciben tierras, y estarán eximidos del pago de impuestos, y por primera vez se celebró el 8 de marzo y las mujeres. Las reformas darán resultados: aumentó la productividad y paró la hambruna que sufría la población; se desmanteló los tribunales religiosos; y la educación y sanidad se declararon universales y gratuitas.
Entre los partisanos también había numerosas mujeres: Blur Khanom, por ejemplo, dirigía el comando de asalto a los camiones británicos, confiscando sus armas, para luego enviarlas al bosque. La película Guil Dokhtar «La muchacha de Guilán», rodada en 1928 en el Azerbaiyán soviético, lleva el nombre de una mujer partisana que tras la muerte de su marido en la batalla se une con su hijo pequeño a las filas de la guerrilla.

La caída de la República Socialista

La RSSI duró tan sólo seis meses, a causa de la división en el seno del movimiento entre los anticolonialistas y los socialistas.
No contar con el apoyo del resto de los trabajadores del país. Durante la Revolución Constitucional, Kurdistán y Azerbaiyán habían sido duramente reprimidos.
El balance de las fuerzas no estaba en favor de los socialistas: los Británicos enviaron un destacamento militar para aplastar la RSSI, y los señores feudales , que se opusieron a la colectivización de la tierra resistirán con armada.
La retirada del apoyo de la URSS a la RSSI, al no producirse la Revolución Mundial que se habían imaginado. Por lo que, tras el fin de la guerra mundial la URSS retira sus tropas de Irán en virtud de lo acordado el 9 de marzo de 1921, así como por el tratado de paz de Brest-Litovsk firmado con Alemania para evacuar sus tropas de Irán. La RSSI queda desprotegida
La traición de de los Yangalíes a los comunistas: mataron a Haidar Khan; provocaron un conflicto armado en el seno del movimiento, propiciando el asalto del ejército del gobierno central, dirigido Gran Bretaña y encabezado por el oficial Reza Khan Mirpany, el futuro fundador de la dinastía de Pahlavi.
El 2 de noviembre de 1921 la “República” es derrotada tras seis meses históricos. El fin de la RSSI fue una catástrofe humanitaria, con miles de muertos, heridos, desplazados que murieron de hambre. Algunos dirigentes comunistas se exilian en Bakú mientras Mirza se retiró a la selva donde murió congelado en el diciembre del 1921 en la falda de una montaña.
Los ingleses siguieron con la estrategia de estrangulamiento de la URSS, y organizaron en 1923 un golpe de estado en Turquía a través de Kemal Atatürk, y otro en Irán en 1924 mediante Reza Khan, ambos de fuertes sentimientos anti comunistas.

***

A pesar de la caída de la RSSI, el peso y la popularidad de los comunistas iraníes en la sociedad eran tal que Irán se convirtió en el primer estado de Asia con un ministro comunista: en 1924 Soleymna Eskandari ocupa el cargo de ministro de cultura. Dos décadas después, en 1946 las fuerzas marxistas vuelven al poder y esta vez en Azerbaiyán y Kurdistán, gracias a la presencia del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Y esta historia tendrá nuevos capítulos.

Nazanín Armanian
Público.es

Segundo aviso de la comunidad científica mundial a la humanidad



Más de 15.000 científicos han publicado en la revista “BioScience” un manifiesto de «Advertencia a la Humanidad» que GARA reproduce en estas páginas. Es el segundo aviso mundial después del de 1992. Remarcan que «pronto será demasiado tarde para desviarnos de nuestra trayectoria condenada al fracaso, y el tiempo apremia».

Hace 25 años la asociación norteamericana Union of Concerned Scientists y más de 1.500 científicos independientes, incluyendo la mayoría de los Premios Nobel en Ciencias que vivían entonces, escribieron “La Advertencia de los Científicos del Mundo a la Humanidad”, 1992. Estos profesionales preocupados, reclamaron a la humanidad que frenase la destrucción ambiental y avisaron de que “sería necesario un gran cambio en nuestra forma de cuidar la Tierra y la vida sobre ella, si quería evitarse una enorme miseria humana...”. En su manifiesto, mostraban que los seres humanos estaban en rumbo de colisión con el mundo natural. Expresaron preocupación acerca de daños actuales, inminentes y potenciales sobre el planeta Tierra por: La destrucción de la capa de ozono, la disponibilidad de agua dulce, el colapso de la pesca marina, el incremento de zonas muertas en los océanos, la pérdida de masa forestal, la destrucción de biodiversidad, el cambio climático y el crecimiento continuado de la población. Proclamaron que cambios fundamentales eran urgentes y necesarios para evitar las consecuencias que nuestro actual rumbo podrían acarrearnos.
Los autores de la declaración de 1992 temían que la humanidad estaba empujando a los ecosistemas de la Tierra más allá de su capacidad de soportar la red de la vida. Describieron cuán rápido nos estábamos aproximando a muchos de los límites de lo que el planeta puede tolerar sin daños serios e irreversibles. Los científicos alegaron que deberíamos estabilizar la población, describiendo como la enorme cifra - que ha crecido en 2000 millones desde 1992, un incremento del 35 % - ejerce una presión sobre la Tierra que puede aplastar otros esfuerzos para conseguir un futuro sostenible (Crist et al. 2017). Imploraron que redujéramos las emisiones de gases efecto invernadero (en adelante, GEI) y eliminásemos los combustibles fósiles, redujéramos la deforestación y revirtiéramos la tendencia de extinción de la biodiversidad.
En el 25º aniversario de su llamada de atención, miramos hacia atrás a su alarma y evaluamos la respuesta humana, analizando la evolución en el tiempo de los indicadores disponibles. Desde 1992, con la excepción de que se ha estabilizado la capa de ozono, la humanidad ha fracasado en hacer suficientes progresos para resolver esos retos ambientales previstos y, de manera muy alarmante, en la mayoría de ellos, estamos mucho peor que entonces. Especialmente preocupante es la trayectoria actual del catastrófico cambio climático de origen humano debido a las crecientes emisiones de GEI procedentes de la quema de combustibles fósiles (Hansen et al. 2013), la deforestación (Keenan et al. 2015) y la producción agrícola - principalmente por la ganadería de rumiantes y el consumo de carne (Ripple et al. 2014). Además, hemos desatado un evento de extinción masiva de especies, la sexta en unos 540 millones de años, mediante la cual muchos de las actuales formas de vida podrían ser aniquiladas o, como poco, comprometidas a la extinción hacia el final de este siglo.
Por la presente, damos un Segundo Aviso a la Humanidad (...). Estamos poniendo en peligro nuestro futuro por nuestro desproporcionado consumo material y por no darnos cuenta de que el alocado crecimiento de la población mundial es el principal impulsor detrás de la mayoría de amenazas ecológicas e, incluso, societales (Crist et al. 2017). Con su fracaso en limitar adecuadamente el crecimiento de la población, en reevaluar el papel de una economía enraizada en el crecimiento permanente, en reducir la emisión de GEI, en incentivar la energía renovable, en proteger el hábitat, en restaurar los ecosistemas, en parar la extinción de fauna, en frenar las especies invasivas, la humanidad no está tomando los pasos urgentes que necesitamos para salvaguardar nuestra muy amenazada biosfera.
Puesto que la mayoría de líderes políticos responde a la presión, los científicos, los medios de comunicación y los ciudadanos deben insistir en que sus gobiernos pasen a la acción inmediata, como un imperativo moral hacia las actuales y futuras generaciones, humanas y de otras formas de vida. Con una marejada de esfuerzos desde organizaciones surgidas desde el pueblo, la obstinada oposición puede ser superada y los líderes políticos se verán obligados a hacer lo correcto. Es también el momento de reexaminar y modificar nuestros comportamientos individuales, incluyendo nuestra propia reproducción (idealmente, al nivel de reemplazo, 2 hijos por mujer, como máximo) y reducir drásticamente nuestro nivel de consumo per-cápita de combustibles fósiles, carne y otros recursos.
La rápida reducción mundial de las sustancias que destruían la capa de ozono nos muestra que podemos hacer cambios positivos cuando actuamos de manera decidida. También hemos hecho avances importantes para reducir la pobreza extrema y el hambre (www.worldbank.org). Otros progresos notables incluyen: rápida reducción de las tasas de fertilidad en muchas regiones mediante políticas educativas entre mujeres y jóvenes (www.un.org/esa/population), la prometedora reducción de la tasa de deforestación en algunas regiones y el rápido despliegue de energías renovables. Hemos aprendido mucho desde 1992, pero el progreso de los cambios necesarios y urgentes en políticas ambientales, comportamiento humano y reducción de las inequidades globales está, todavía, lejos de ser suficiente.
Las transiciones hacia la sostenibilidad se pueden producir de diferentes maneras, pero todas requieren presión de la sociedad civil y argumentaciones basadas en evidencias, liderazgo político, políticas adecuadas, mercados y otras consideraciones. Ejemplos de acciones diferentes y efectivas que la humanidad puede tomar para la transición a la sostenibilidad incluyen (sin presumir orden de importancia o urgencia):

Priorizando la promulgación de grandes reservas protegidas de una proporción significativa de los hábitats terrestres, marinos, de agua dulce y aéreos de todo el mundo;

Mantenimiento de los servicios ecosistémicos de la naturaleza parando la conversión de selvas, bosques, pastizales y otros hábitats naturales;

Restaurar comunidades con plantas autóctonas a gran escala, principalmente, bosques;

Devolver a la naturaleza salvaje zonas con especies nativas, especialmente con depredadores ápice, para recuperar procesos y dinámicas ecológicos;

Implementar políticas adecuadas para remediar la extinción de especies animales, la caza furtiva y la explotación y comercio de especies amenazadas;

Reducir el desperdicio de alimentos mediante educación y mejores infraestructuras;

Promover un cambio hacia dietas más vegetales y menos animales;

Promover la reducción adicional de los índices de fertilidad procurando que mujeres y hombres tengan acceso a la educación reproductiva y a los servicios voluntarios de planificación familiar, especialmente, en lugares donde falten tales recursos;

Aumentar la educación ambiental para niños y fomentar un mayor aprecio por la naturaleza por parte de la sociedad.

Desinvertir en inversiones monetarias e invertir en iniciativas que promuevan cambio ambiental

Idear y promover tecnologías no contaminantes y adoptar masivamente energías renovables y, simultéaneamente, eliminar subvenciones a la producción de energía con combustibles fósiles.

Revisar nuestra economía para reducir desigualdades y asegurarse que precios, impuestos y sistemas de incentivos tengan en cuenta los costes reales que nuestro patrón de consumo imponen en nuestro medio ambiente; y

Evaluar de manera científica el tamaño de población humana sostenible a largo plazo y pedir a las naciones y a sus líderes que apoyen ese objetivo vital.

Para prevenir pérdidas catastróficas de biodiversidad y un deterioro generalizado de las condiciones de vida humana, la humanidad debe poner en práctica una forma de vida más sostenible ambientalmente que la actual (“business as usual”). Esta receta ya fue bien articulada hace 25 años por los científicos del mundo, pero en la mayoría de los temas, no hemos escuchado su llamada de atención.

Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de la actual trayectoria que nos lleva al fracaso y nos estamos quedando sin tiempo. Debemos reconocer, en nuestras vidas diarias y en nuestras instituciones de gobierno, que la Tierra con toda su vida es nuestro único hogar.

Manifiesto firmado por 15.364 científicos de 184 países.

Autores: William J. Ripple, Christopher Wolf, Mauro Galetti, Thomas M Newsome, Mohammed Alamgir, Eileen Crist, Mahmoud I. Mahmoud, William F. Laurance

VV.AA.
Viento Sur

"La Revolución Rusa y la Mujer" // Vanina Biasi, Olga Viglieca, Soledad Sosa, Lucía Sciola y Tulunay

lunes, noviembre 20, 2017

"La naturaleza histórica de la revolución rusa" // Jorge Altamira y Miguel Del Plá

Los juicios de Nüremberg: la falsa justicia de los vencedores



Los Juicios de Nüremberg fueron una serie de 13 procesos judiciales realizados por un Tribunal Militar Internacional acordado entre Estados Unidos, Gran Bretaña, la URSS y Francia contra jerarcas y otros implicados en la maquinaria del nazismo.

El 20 de noviembre de 1945 comenzaba, en el Palacio de Justicia de una ciudad de Nüremberg devastada por los bombardeos aliados durante la guerra, el primer juicio contra los principales líderes de la Alemania nazi.
Lejos de estar destinados a encarcelar a todos los responsables del genocidio nazi, los juicios fueron una enorme puesta en escena donde los vencedores buscaron legitimarse como los nuevos amos del mundo que reivindicaban su derecho a imponer el orden de la postguerra. Sugestivamente, el estatuto de este Tribunal Militar Internacional, que introdujo la noción jurídica de “crimen contra la humanidad”(1), había sido hecho público en agosto de 1945, simultáneo al brutal bombardeo en Hiroshima y Nagasaki por parte de Estados Unidos que masacró a cientos de miles de japoneses; cuestión que llevó a Hannah Arendt a denunciar que el juzgamiento de unos cuantos criminales nazis obedecía a una política de prudencia por parte de las potencias occidentales, evitando “el caso de crímenes a propósito de los cuales se habría podido invocar el tu quoque” (tu también).
Así, en los 13 procesos conjuntos englobados en los juicios fueron sometidos a procesamiento 611 figuras emblemáticas de diferentes esferas: jerarcas políticos y militares nazis, médicos, jueces, etc., de las casi 5 mil peticiones de procesamientos individuales que se habían elevado al tribunal. En el primer juicio, el más emblemático por tratarse del juzgamiento de las altas jerarquías, fueron llevados al banquillo 24 líderes nazis. Luego de 216 sesiones, el 1 de octubre de 1946 se emitió el veredicto por el que fueron condenados a muerte a 12 acusados (Goering, Ribbentrop, Keitel, Kaltenbrunner, Rosenberg, Frank, Frick, Streicher, Sauckel, Jodl, Seyss­-Inquart y Bormann), tres fueron condenados a cadena perpetua (Hess, el ministro de economía Walther Funk y Raeder) y cuatro recibieron sentencias de 10 a 20 años (Doenitz, Schirach, Speer y Neurath). Fueron absueltos Hjalmar Schacht, presidente del Reichsbank, Franz von Papen, ministro y vicecanciller, Hans Fritzsche, ayudante de Joseph Goebels en el Ministerio de Propaganda y no recibieron condena Gustav Krupp, industrial que amasó su fortuna a costa del trabajo esclavo y Robert Ley, jefe del Frente Alemán del Trabajo que organizaba y planificaba la explotación de este trabajo forzado.

La impunidad de la burguesía alemana

No sólo quedaron sin juzgar decenas de miles de nazis, sino que los grandes industriales alemanes que se enriquecieron a costa del masivo trabajo esclavo de judíos, gitanos, obreros deportados compulsivamente de los países ocupados, partisanos, homosexuales, que fueron obligados a trabajar hasta morir de agotamiento y enfermedad, gozaron de la más absoluta impunidad. Tal fue el caso, por citar sólo un ejemplo reconocido, de la actual Bayer, en aquellos tiempos IG Farben, una de las mayores empresas del sector químico y farmacéutico que, sirviéndose del trabajo forzado, fabricó el gas Zyklon B que usaba el régimen nazi para aniquilar judíos en los campos de concentración. Así lo testimonia el gran Primo Levi, químico y escritor italiano en sus obras Si esto es un Hombre y Así fue Auschwitz donde reconstruye su terrible experiencia en la Buna, fábrica donde los prisioneros de Auschwitz Monowitz eran brutalmente esclavizados para producir caucho para la IG Farben.
Tampoco fueron encarcelados los grandes banqueros que se enriquecieron gracias al nazismo, como sucedió con el Dresdner Bank que transfirió todos los bienes y riquezas de los judíos a manos de los burgueses ligados al régimen. El único gran emblema de la burguesía alemana que fue sometido a juicio en Nüremberg, Gustav Krupp, dueño de la Krupp AG (compañía del sector armamentístico que abasteció la maquinaria de guerra nazi), no recibió allí ninguna condena debido a ser declarado incapacitado para enfrentar un juicio. Así, los grandes burgueses y financistas que amasaron sus fortunas a base de la sangre y el genocidio de millones, gozaron a la salida de la guerra de la más completa impunidad garantizada por las democracias imperialistas.

La justicia de las masas

Lo juicios de Nüremberg deben ser entendidos como un intento de lograr un proceso emblemático a nivel internacional que cierre “por arriba” el proceso que se extendió por abajo a la salida de la guerra, donde amplias masas mostraron sus aspiraciones democráticas. Esto fue clave en aquellos países que experimentaron ascensos de la lucha de clases o procesos revolucionarios a la salida de la guerra como Francia e Italia. En Francia, minoritariamente desde antes de la liberación (cuando era llevada a cabo por distintos grupos de la resistencia en la clandestinidad) pero de manera generalizada después de agosto del año 1944, se desplegó un proceso popular de juzgamiento a los colaboracionistas, conocido como la “depuración”, que expresaba las profundas aspiraciones de las masas a que fueran condenados los cómplices de la ocupación alemana que sostuvieron el régimen colaboracionista de Vichy. Como cuentan Herbert Lottman en su libro La depuración y Enzo Traverso en A sangre y fuego. De la guerra civil europea (1914-1945), allí miles de funcionarios, miembros de grupos paramilitares que perseguían ferozmente a la resistencia, delatores, torturadores y comerciantes enriquecidos gracias a la especulación, fueron juzgados, condenados y ejecutados por tribunales obreros y populares espontáneos que surgían por todas partes buscando imponer justicia.
Para contener la radicalización de este proceso que amenazaba con volverse contra el conjunto de la burguesía francesa –cuya mayor parte había sido colaboracionista de los nazis-, De Gaulle promovió el “modelo Nüremberg” de juicios amañados donde fueron juzgados sólo unos pocos cientos mientras miles de genocidas fueron amnistiados en varias oleadas entre 1947 y 1953, y muchos de estos se integraron posteriormente a la función pública durante la Cuarta y la Quinta República. El propio Mariscal Pétain, presidente del gobierno de Vichy y personaje ampliamente repudiado por las masas francesas, fue dejado en libertad en el año 1951.
Lo mismo sucedió en Italia, donde la resistencia partisana ejecutó en el año 1945 entre 10 y 15 mil fascistas miembros de la República de Saló, entre ellos el propio Mussolini, linchado en la plaza Loreto durante la liberación de Milán. Este proceso de justicia popular, enormemente extendido debido a la existencia de una resistencia armada de masas contra la ocupación nazi, fue contenido desde arriba una vez que la burguesía italiana pudo, con ayuda de los aliados y del Partido Comunista –entregado a la política de “unidad nacional” de contención de la revolución-, reconstruir el Estado. De tal manera, como plantea Enzo Traverso, “en nombre de la continuidad del Estado –y gracias a la complicidad de las fuerzas de ocupación aliadas, que percibían cada vez más a la resistencia como una amenaza de subversión social y política- el gobierno italiano impidió toda investigación sobre las grandes empresas que habían apoyado al fascismo y se negó a entregar a los principales responsables de los crímenes perpetrados por el ejército fascista en Yugoslavia, Grecia y Albania.”(2)
Muchos de estos criminales fascistas y nazis fueron ayudados por la Iglesia católica, que les facilitó la tarea de fugarse a distintos países sudamericanos a través del llamado “pasillo Vaticano”, es decir la influencia de la diplomacia papal3() que consiguió pasaportes, visados, etc., como relata magistralmente Robert Katz en su libro La batalla de Roma. Los nazis, los aliados, los partisanos y el papa. Esta nefasta tarea de impunidad contó asimismo con el activo protagonismo del Partido Comunista Italiano, cuyo máximo dirigente, Palmiro Togliatti, siendo ministro de Justicia amnistió en el año 1946 a 219.481 genocidas, reduciéndole las condenas a unos 3 mil fascistas acusados de crímenes graves. Y esto, apenas un año después de la expulsión de los nazis a manos de las masas obreras y campesinas que habían conquistado con sus propias fuerzas la liberación de todo el norte italiano. Gracias a estas amnistías, una gran parte de los miembros de la elite dirigente y la burguesía italiana que habían sostenido el fascismo, se reincorporaron a su profesión e incluso a la función pública, reciclándose en el aparato represivo. De hecho, para el año 1960, 62 prefectos sobre un total de 64 habían sido funcionarios de alto rango bajo el régimen fascista.

Los genocidios “democráticos” que no fueron al banquillo

Una de las grandes falacias que logró instalar el triunfalismo ideológico liberal a la salida de la guerra es que esta fue un enfrentamiento entre la democracia y el fascismo, donde las potencias “democráticas” habrían cumplido un rol progresivo en su lucha contra el fascismo, defendiendo los valores de la libertad y la democracia. Este relato no sólo oculta los verdaderos objetivos de reparto del mundo que llevaron a los distintos imperialismos a la guerra entre sí –cuestión que ha sido abordada por Andrea Robles y Gabriela Liszt en los ensayos introductorios al tomo I del libro Guerra y Revolución. Una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial(4)-, sino también los propios genocidios perpetrados por las potencias occidentales “democráticas”, tales como las masacres a la población civil de Dresden, Hiroshima y Nagasaki. En Dresden, Alemania, se estima que en febrero de 1945 más de 500 mil personas murieron por efecto de las más de 700 mil bombas de fósforo lanzadas por los aviones ingleses sobre una población total de 1 millón de personas. Como han reiterado numerosos historiadores y analistas, Dresden no poseía interés militar alguno, ya que era una ciudad utilizada como centro de refugiados, y su bombardeo fue realizado bajo el estricto objetivo de hacer una demostración de fuerza por parte de Inglaterra que reclamaba un papel importante en el orden de post-guerra. Lo mismo sucedió con los bombardeos perpetrados por Estados Unidos en Hiroshima y Nagasaki, que fueron realizados cuando la victoria en la guerra ya estaba asegurada con el único fin de demostrar quién era el nuevo amo del mundo –demostración que estaba dirigida centralmente a la Unión Soviética, siendo realizados los bombardeos precisamente un día antes del inicio de la conferencia de Potsdam en que los imperialismos se dividieron las zonas de influencia del mundo con la URSS-. Se estima que entre ambas ciudades murieron en total cerca de 500 mil personas. ¿Fueron juzgados los militares y funcionarios norteamericanos e ingleses por cometer estos genocidios? Muy por el contrario, pasaron a erigirse en los supuestos defensores de la democracia internacional.

Paula Schaller
Licenciada en Historia - Conductora del programa Giro a la Izquierda

Notas:

1.“Asesinato, exterminio, esclavitud, deportación y otros actos inhumanos cometidos contra cualquier población civil, antes o durante la guerra; o persecución por razones políticas, raciales o religiosas en ejecución de o en conexión con cualquier crimen dentro de la jurisdicción del Tribunal, ya sea que violen o no las leyes nacionales del país donde son perpetrados”.
2. Traverso, Enzo, A sangre y fuego. De la guerra civil europea (1914-1945), PUV, Valencia, 2009, pp. 121-122.
3. Se estima que en la postguerra unos 60 mil criminales de guerra ingresaron a la Argentina mediante el pasillo vaticano. Ver: Katz, Robert, La batalla de Roma. Los nazis, los aliados, los partisanos y el papa, Turner, España, p. 426.
4. Hoy se pueden leer estos ensayos en León Trotsky, La Segunda Guerra Mundial y la revolución, Obras Escogidas 8, Bs. As., Ediciones IPS-CEIP.

La experiencia de la democracia Corinthiana



Sólo para hinchas (III)

Bajo la dictadura de Figueredo en el Brasil de los ´80, ante una enorme crisis del club Corinthians, los jugadores se organizaron, tomaron las riendas del club y constituyeron el mayor movimiento ideológico de la historia del fútbol de ese país.

En 1981,Corinthians venía de una pésima campaña, tanto en el campeonato brasileño, como en el paulista. En abril de 1982 culmina la pésima gestión de Vicente Matheus en la presidencia del Club y es electo Waldemar Pires para sucederlo.
Pires designa a cargo del fútbol del club a un sociólogo, Adílson Monteiro, un joven con ideas revolucionarias para la administración deportiva. Adílson defendía la idea de escuchar las opiniones de los jugadores y de otros miembros del equipo.
Sumado a este factor, la presencia de jugadores con cierta militancia política y de una enorme personalidad como era el caso de Sócrates, dio comienzo a una verdadera revolución dentro del Corintians.
A partir de entonces, se implementó un sistema de autogestión en el que jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y empleados, decidían sobre diferentes tópicos de la administración del Club, sobre la base de votaciones.
Un aspecto fundamental era que todos los votos tenían el mismo peso, sin importar la función de la persona ni el peso dentro de la institución. La experiencia autogestionaria fue derivando en una conclusión política: el posicionamiento de los jugadores frente a la dictadura militar.
Corintians fue el primer Club de Brasil en utilizar una camiseta con mensajes propagandísticos. Por iniciativa del publicista Washington Olivetto se estampó en forma permanente la consigna democracia Corinthiana en su vestimenta, pero también fueron alternando consignas a favor de la democracia, como "diretas-já" ("elecciones ya") o "eu quero votar para presidente" ("quiero votar para presidente"); “Ganar o perder pero en democracia”.
Sócrates, el jugador símbolo de ese movimiento, además de ser un enorme jugador de fútbol, revolucionó los conceptos de la época: “abolimos el proceso que existía en el fútbol donde los dirigentes impedían que los jugadores se hicieran adultos”. “Al inicio hubo ansiedad en mis compañeros, no estaban acostumbrados a expresarse, a decidir, pero fueron aprendiendo y se prepararon para enfrentar su profesión y su vida”.
Se reunían, conversaban y resolvían por mayoría casi todos los asuntos. Por ejemplo, en vez de recibir premios por victorias, propusieron cobrar un porcentaje de las recaudaciones y otro de la sponsorización y televisación. Ese dinero lo repartían por igual tanto entre los jugadores como con los utileros, los médicos o el chofer del autobús que los conducía.
El resultado del nuevo sistema fue muy positivo y enamoró a sus hinchas, así como escandalizó a los demás dirigentes del fútbol de Brasil.
El equipo llegó a la semifinal del campeonato local de 1982, y conquistó el campeonato paulista en 1982 y 1983. Además, durante el período de autogestión, Corintians consiguió sanear toda su deuda, dejando incluso una reserva en caja de 3.000.000 dólares para el siguiente período.
A partir de 1984 se empieza a formar la unión de los trece clubes más poderosos del país conocida como "Club de los 13", una suerte de la actual “Superliga” argentina ligada a los negocios y a los gerenciamientos deportivos, que enfrentó al movimiento de la democracia corintiana. Esta situación más las presiones políticas de la propia dictadura liquidaron el movimiento, después los hicieron pelota y el mundo siguió andando.
El gran Eduardo Galeano definió como nadie esta enorme epopeya:
“En el despótico señorío de la pelota los jugadores son los últimos monos del circo. No tienen derecho a decir ni pío. Pero no siempre ha sido así. Allá por 1982, en plena dictadura militar, los jugadores del Corinthians tomaron el poder. Ellos, los futbolistas lo decidían todo, se reunían y democráticamente por mayoría, elegían el método de trabajo, los sistemas de juego, los horarios de entrenamiento, el reparto del dinero… Lo votaban absolutamente todo.
Se vaticinaron los peores augurios pero sin embargo, durante esos años, el Corinthians convocó las mayores multitudes en los estadios de Brasil, además de ganar consecutivamente el Campeonato Paulista durante dos años, ofreciendo el más hermoso y vistoso fútbol de todos. La experiencia de la ‘Democracia Corinthiana’ fue breve, pero valió la pena.”
Eso fue en los ´80. De la experiencia de Sócrates y sus compañeros parecía que no quedaban rastros pero en el 2005, 25 años después, en Inglaterra, en la meca del fútbol-negocio, los hinchas de Manchester United desencantados con el arribo del magnate estadounidense Malcolm Glazer -que compró el Club sin poner un peso- realizaron una experiencia similar, aunque eso terma de la próxima nota.

Juan Ferro

"La Revolución Rusa entre la utopía y la historia" // Osvaldo Coggiola y Néstor Pitrola

"La Revolución Rusa y la educación'' // Romina del Plá, Daniel Sierra, Soledad Díaz y Daniel Gaido

EEUU y sus satélites amenazan militarmente a Venezuela desde la Amazonía: ¿se habían enterado?



Basado en un texto de Ana Esther Ceceña y David Barrios Rodríguez – OLAG / teleSUR.- Se acaban de realizar dos importantes operaciones militares: el llamado Ejercicio AmazonLog y la Operación América Unida. Han reunido tropas de EEUU y de sus satélites políticos Brasil, Perú y Colombia. Pero… apenas hay noticias, que no sea en los medios alternativos.
Edición: Ana Gil.

El Corte Inglés ofreció publicidad gratuita a la dictadura de Videla



En noviembre de 1977, el Corte Inglés hizo llegar al régimen una propuesta de acuerdo comercial de cara al Mundial 78. El embajador argentino en España informó a sus jefes que se trataba de una magnífica propuesta para lavar su “imagen exterior”.

El físico Mario Villani nació dos veces. La primera, un día de mayo de 1939. La segunda alguna mañana, tarde o noche de agosto de 1981. Fue entonces cuando ellos, “los Dioses”, decidieron que podría seguir viviendo. A cambio, tendría que arrastrar durante el resto de su existencia los horrores que había vivido durante los últimos 36 meses en los campos de concentración de la dictadura argentina. “Se nos insistía que habíamos dejado de pertenecer al mundo de los vivos. Que estábamos desaparecidos. Que ni siquiera podíamos suicidarnos. Que ellos —los Dioses— eran los dueños de nuestras vidas y moriríamos cuando ellos lo decidieran”, escribió cuando ya era un hombre libre. O algo parecido.
Su pesadilla también tiene día rojo en el calendario del espanto. Fue, concretamente, un 18 de noviembre de 1977. Seguramente ya haría calor, ese calor húmedo y pegajoso que caracteriza a Buenos Aires. Quizás las flores ya inundaban los parques de esta ciudad, preparándose para un verano que estaba a punto de llegar. Sin embargo, para miles de argentinos ya no había ilusión por el tiempo, ni tiempo para sentir ilusión. Eran los años de la muerte: a esa altura de 1977, el régimen genocida de Jorge Rafael Videla —quien había dado un golpe de Estado el 24 de marzo de 1976— acumulaba una cantidad infinita de torturas, violaciones y asesinatos.
Las denuncias sobre aquellos crímenes recorrieron el mundo. No sirvió de mucho para quienes sufrían descargas de corriente eléctrica atados a una camilla o eran subidos a aviones de la Fuerza Aérea y lanzados vivos al mar, pero al menos valió para desenmascarar a los militares que decían luchar contra el terrorismo mientras aplicaban, con más mano dura que nadie, un salvaje terror de Estado. Sin embargo, ese horror documentado no fue suficiente para que España, con Franco ya enterrado y en plena Transición, se distanciara de los asesinos rioplatenses.
De acuerdo a distintos documentos, El Corte Inglés fue una de esas entidades españolas que trató a la dictadura sanguinaria como si fuera un gobierno “normal”. Así lo confirman los archivos hasta ahora secretos a los que ha tenido acceso El Salto, unos papeles amarillentos que a esta hora permanecen guardados en un viejo y descuidado edificio del ministerio de Asuntos Exteriores argentino, situado en la zona del Puerto de Buenos Aires. Allí, entre miles de cajas, aparecen esas hojas con el histórico e inconfundible logo de esta histórica empresa madrileña.
El 18 de noviembre de 1977, exactamente el mismo día en el que Mario Villani descendía a los infiernos, el consejero director de Promoción y Ventas de El Corte Inglés, Antonio Pérez Giménez, hacía llegar a las autoridades de la dictadura argentina una propuesta de acuerdo comercial que parecía imposible de ser rechazada por Videla y los suyos. Según consta en aquel “memorándum”, la empresa mostraba su interés en “llevar a cabo una acción especial” de cara al mundial de fútbol que se iba a disputar al año siguiente en aquel país latinoamericano.
En esa línea, la firma española pretendía hacer un “sorteo de 250 o 350 plazas entre todos sus clientes de las zonas de Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao, Valencia, Murcia, Vigo y Las Palmas, al realizar sus compras en el período comprendido entre el 15 de febrero y el 31 de mayo de 1978”. Las personas ganadoras se trasladarían a Buenos Aires “con preferencia a través de Aerolíneas Argentinas” para “presenciar las semifinales y finales de los Mundiales de Fútbol”.
El Corte Inglés no pedía dinero a cambio. Se conformaba con “obtener la seguridad de que tanto el transporte como el alojamiento y las localidades necesarias para presenciar los encuentros por parte de nuestros invitados estarían de algún modo garantizadas de manera oficial”. “Queremos hacerle patente que una promoción de esta magnitud llevaría consigo, una actividad publicitaria y promocional de singular relieve entre el 15 de febrero y el regreso de los invitamos nuevamente a España, fundamentalmente en los Medios de Prensa, Radio, Publicidad Exterior y Propaganda Directa (sic)”, destacaba el responsable comercial, quien también mostraba la “mejor disposición” de la conocida firma española “para desarrollar otras actividades conjuntas con la embajada (argentina) para que esta operación tenga en todo momento el calor y buen ambiente que esta feliz circunstancia nos daría oportunidad”.

“Muy interesante”

Según se desprende del documento, esta propuesta había sido anteriormente presentada por dos responsables de El Corte Inglés al embajador de la dictadura argentina en España, el militar Leandro Enrique Anaya. “Nos sentimos muy honrados de la buena acogida que han dispensado a nuestros Sres. Ruiz y Mellizo-Soto y esperamos que esta acogida se vea respaldada por la feliz realización de esta actividad que les proponemos”, escribió Pérez Giménez en su carta a la dictadura.
El 24 de noviembre de 1977, el agregado cultural de la embajada argentina, Ricardo Adúriz —quien también habría estado presente en la reunión con los representantes de la compañía—, informó al “Departamento de Asuntos Culturales” del régimen de Videla sobre esta oferta publicitaria. El diplomático la calificaba como una “muy interesante propuesta” que “no significaría erogación alguna para el país”.
Esos mismos aspectos fueron resaltados por el embajador de la dictadura argentina, Leandro Enrique Anaya, en una nota que había dirigido al general Antonio Merlo, presidente del Ente Autárquico que tenía a su cargo la organización del mundial de fútbol de 1978. En su nota, Anaya resaltaba “los beneficios indudables que significaría para la imagen exterior de nuestro país una publicidad de envergadura como la que suele efectuar esa cadena de grandes tiendas, en todo el territorio español y a través de la totalidad de los medios de comunicación social”.

Gritos y gemidos

Mientras estas cartas atravesaban el Océano Atlántico y llegaban a las oficinas ocupadas por los militares, Mario Villani y otros tantos miles de seres humanos conocían en carne propia la crueldad de los militares. “Desde el momento en que alguien era raptado, él o ella era un desaparecido. La secuencia establecida era desaparición-tortura-muerte”, escribió algunos años después este sobreviviente.
Muy a su pesar, Villani tiene un récord: pasó por cinco centros de exterminio. Sufrió, lo torturaron, pero salió vivo. Entonces empezó a ponerle voz a sus compañeras y compañeros muertos. Recordó siempre sus terribles gritos y gemidos mientras les sometían a todo tipo de herejías. Quizás hubiesen querido suicidarse, pero ni eso podían. Hubo, en total, más de 30.000 personas desaparecidas. Para ellas no hubo campañas publicitarias ni acuerdos comerciales.

Danilo Albín
El Salto

"La Revolución Rusa en América Latina" // Rafael Fernandez y Fernando Sarti

"A 150 años de El Capital" // Iñigo Carrera, Pablo Heller y Andrés Roldán

La Revolución rusa y el arte // E. Grüner, M. Kohan, D. Link y E. Castronuovo



"La Revolución Rusa en Argentina" // Hernán Camarero y Christian Rath



Seminario "A cien años, vigencia de la revolución de Octubre"

Entrevista a Bernhard Bayerlein // 100 años de la Revolución de Octubre



Prensa Obrera entrevistó al historiador alemán en el marco del Seminario "A 100 años vigencia de la Revolución de Octubre" en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA

Prostíbulos del capitalismo

Los mal llamados paraísos fiscales funcionan como prostíbulos del capitalismo. Se hacen allí los negocios turbios, que no pueden ser confesados públicamente, pero que son indispensables para el funcionamiento del sistema. Como los prostíbulos en la sociedad tradicional.
Conforme se acumulan las denuncias y las listas de los personajes y empresas que tienen cuentas en esos lugares, nos damos cuenta del papel central y no apenas marginal que ellos tienen en la economía mundial. “No se trata de “islas” en el sentido económico, sino de una red sistémica de territorios que escapan a las jurisdicciones nacionales, permitiendo que el conjunto de los grandes flujos financieros mundiales rehuya de sus obligaciones fiscales, escondiendo los orígenes de los recursos o enmascarando su destino.” (La era del capital improductivo, Ladislau Dowbor, Ed. Autonomia Literaria, Sao Paulo, 2017, pag. 83)
Todos los grandes grupos financieros mundiales y los más grandes grupos económicos en general están tienen hoy filiales o incluso casas matrices en paraísos fiscales. Esa extraterritorialidad (offshore) constituye una dimensión de prácticamente todas las actividades económicas de los gigantes corporativos, constituyendo una amplia cámara mundial de compensaciones, donde los distintos flujos financieros ingresan a la zona del secreto , del impuesto cero o algo equivalente y de libertad con respecto a cualquier control efectivo.
En los paraísos fiscales los recursos son reconvertidos en usos diversos, traspasados a empresas con nombres y nacionalidades distintas, lavados y formalmente limpios. No es que todo se vuelva secreto, sino que con la fragmentación del flujo financiero, el conjunto del sistema lo vuelve opaco.
Hay iniciativas para controlar en parte a ese flujo monstruoso de recursos, pero el sistema financiero es global, mientras las leyes son nacionales y no hay un sistema de gobierno mundial. Asimismo, si se puede ganar más invirtiendo en productos financieros, y encima sin pagar impuestos, es un negocio redondo.
“El sistema offshore creció con metástasis en todo el globo, y surgió un poderoso ejército de abogados, contadores y banqueros para hacer que el sistema funcione... En realidad, el sistema raramente agrega algún valor. Al contrario, está redistribuyendo la riqueza hacia arriba y los riesgos hacia abajo y generando una nueva estufa global para el crimen.” (Treasured Islands: Uncovering the Damage of Offshore Banking and Tax Havens, Shaxon, Nicholas. St. Martin’s Press, Nueva York, 2011).
El tema de los impuestos es central. Las ganancias son offshore, donde escapan de los impuestos, pero los costos, el pago de los intereses, son onshore, donde son deducidos los impuestos .La mayor parte de las actividades es legal. No es ilegal tener una cuenta en las Islas Caimán. “La gran corrupción genera sus propia legalidad, que pasa por la apropiación de la política, proceso que Shaxson llama de `captura del Estado’”(Dowbor, pag. 86).
Se trata de una corrupción sistémica. A corrupción involucra a especialistas que abusan del bien común, en secreto y con impunidad, minando a las reglas y los sistemas que promueven el interés publico, en secreto y con impunidad, y minando nuestra confianza en las reglas y sistemas existentes, intensificando la pobreza y la desigualdad.
La base de la ley de las corporaciones e, de las sociedades anónimas, es que el anonimato de la propiedad y el derecho a ser tratadas como personas jurídicas , pudiendo declarar su sede legal donde quieran e independiente del local efectivo de sus actividades, tendría como contrapeso la trasparencia de las cuentas.” (Dowbor, pag. 86) Las coimas contaminan y corrompen a los gobiernos, y los paraísos fiscales corrompen al sistema financiero global. Se ha creado un sistema que vuelve inviable cualquier control jurídico y penal de la criminalidad bancaria. Las corporaciones constituyen un Poder Judicial paralelo que les permite incluso procesar a los Estados, a partir de su propio aparato jurídico.
The Economist calcula que en los paraísos fiscales se encuentran 20 trillones de dólares, ubicando a las principales plazas financieras que dirigen estos recursos en el estado norteamericano de Delaware y en Londres. Las islas sirven así como localización legal y de protección en términos de jurisdicción y domicilio fiscal, pero la gestión es realizada por los grandes bancos. Se trata de un gigantesco drenaje que permite que los ciclos financieros queden resguardados de las informaciones.

Emir Sader
Página 12

El buen vivir

Primera Gran Marcha Transfronteriza en solidaridad con el pueblo mapuche y la libertad de los presos políticos de pueblos originarios

La marcha será transfronteriza aun cuando ellas, Moira Millán e Ivana Conejero, oriundas cada una de las tierras que separa la cordillera, no reconocen las fronteras de los Estados nacionales. Lo dijeron más de una vez, igual que dijeron, se lamentaron, por el modo en que las tratan los Estados y los medios de comunicación: como terroristas, como amenaza a la propiedad privada y a la organización democrática. "Más de 200 años de ocupación colonial de nuestros territorios sólo dejaron poblaciones exterminadas, contaminación, desaparición y muerte. Pero nosotras contestamos con movilización”.

De pie y sin resguardo, la luz del sol cayendo perpendicular sobre sus galas mapuche, la frente mojada de sudor, las manos aferrando las banderas unidas. El caballo de bronce con la figura montada de Julio Argentino Roca no les hizo sombra, eligieron pararse ahí, dicen, para “darle la espalda al genocida”. No tuvieron micrófono en esta conferencia de prensa a la que acudieron muchos más medios internacionales que locales, que las rodearon con sus cámaras tan cerca como pudieron para registrar sus voces. Alrededor, cientos de taxis colapsaban el microcentro de Buenos Aires para reclamar contra la empresa Uber. Muy cerca de la Diagonal Sur, avanzaban sobre Avenida de Mayo columnas de organizaciones populares para exigir la emergencia alimentaria. Las dos mujeres se plantaron lo mismo, su urgencia no las dejó calcular la oportunidad de la convocatoria; no hay agenda para la protesta social aunque desde el gobierno se insista con domesticarla. Ellas estaban allí para anunciar la Primera Gran Marcha Transfronteriza en solidaridad con el pueblo mapuche y la libertad de todos los presos políticos de pueblos originarios: de la machi Francisca Linconao y del lonko Facundo Jones Huala; la primera detenida en Chile, el Ngulumapu como se llama a ese territorio en mapundung; el segundo, preso en Argentina, en el Puelmapu. La marcha será transfronteriza aun cuando ellas, Moira Millán e Ivana Conejero, oriundas cada una de las tierras que separa la cordillera, no reconocen las fronteras de los Estados nacionales. Lo dijeron más de una vez, igual que dijeron, se lamentaron, por el modo en que las tratan los Estados y los medios de comunicación: como terroristas, como amenaza a la propiedad privada y a la organización democrática. “Nos denostan porque queremos vivir en nuestras tierras, porque nos oponemos a la contaminación y a la apropiación del agua; porque no toleramos que los terratenientes quieran ponerle nombre a dones que son de todos y de todas. Más de 200 años de ocupación colonial de nuestros territorios sólo dejaron poblaciones exterminadas, contaminación, desaparición y muerte. Pero nosotras contestamos con movilización”. Nunca soltaron las banderas unidas de sus pueblos, si los bombos y las bocinas les tapaban la voz, ellas la forzaron para intentar “llegar al corazón de los pueblos argentino y chileno que para nosotras son uno solo, somos guardianes de la naturaleza y queremos que nuestros hijos y nietos lo sigan siendo porque la naturaleza no tiene dueño, no puede tener dueño”.
“Si pudimos y podemos seguir pidiendo Justicia por Santiago Maldonado, no ocultemos que el compañero estaba en el sur defendiendo la libertad del lonko, sumándose a nuestro reclamo”, dijo Moira Millán y unos pocos carteles con la mirada implacable de ese joven para el que ya no puede reclamarse la vida se levantaron para decir presente. Pero la empatía con ese muchacho no se derrama sobre la misma causa que el defendía, la del pueblo mapuche. Millán y Conejero lo saben pero insisten: la marcha que proponen será el 9 de diciembre, justo cuando Buenos Aires se prepare para ser sede de la Organización Mundial del Comercio, cuando representantes del capital que cruza fronteras cada vez con menos restricciones se encuentren para sellar nuevos acuerdos o aceitar otros que parecían olvidados. Será al mismo tiempo que en Jujuy una enorme Jallalla -reunión, asamblea- de mujeres se reúna después de viajar desde distintas geografías del país para seguir denunciando la categoría de presa política de Milagro Sala y de otras compañeras de la Tupac Amaru, la primera organización desmantelada después de la asunción del gobierno de Mauricio Macri. La concordancia entre la Jallalla en Jujuy y la marcha en solidaridad con el pueblo mapuche que tendrá epicentros en Buenos Aires y Santiago de Chile está en otra conmemoración, la del día siguiente, el día internacional de los Derechos Humanos. Nadie puede calcular cuántos cuerpos se sentirán convocados por el llamado de las mapuche a marchar, tampoco cuántas se reunirán en Jujuy aunque la movilización ya está hormigueando en distintas provincias. Ni con cuánto cansancio se llegará a la asamblea feminista el 11 de diciembre para denunciar los nuevos modos de explotación del capital sobre la vida cotidiana de millones que se acuerdan a puertas cerradas. Sí se sabe que la protesta no se deja domesticar, que aun en tiempos donde parece ya no haber energía para salir a la calle, se sigue saliendo igual. Aun ante la promesa de represión, de un orden que no se consigue ni sacando a ejércitos de fuerzas de seguridad a la calle; la calle sigue viva en la voz de quienes la pueblan y le ponen cuerpo a sus sueños. Las mapuche, a esos sueños los resumen en una fórmula: el buen vivir. Ellas dicen saber de qué se trata, que lo saben porque está en el ritmo que aprendieron de sus ancestros, que se trata de vivir en armonía con la naturaleza, protegiéndola y no saqueándola. Otros y otras le pondrán otros nombres, formas de organización y de rebeldía. Todas confluyen en la calle porque ahí, en el cuerpo a cuerpo, con las derrotas en las espaldas como historia propia, con el dolor cotidiano como marca indeleble, contra todo llamado a ser realistas, es donde se pide lo imposible. Donde se lo diseña, donde se lo acaricia.

Marta Dillon
Página/12

domingo, noviembre 19, 2017

Revolución Rusa 100 años después. Christian Castillo y Eduardo Grüner



Rosa Luxemburg y la Revolución rusa



El suplemento Las 12 dedicó un artículo de Verónica Gago a La Rosa Roja, publicado por nuestra editorial, a raíz de los 100 años de la Revolución. Aquí debatimos con su autora.

La semana pasada el suplemento sobre la mujer del diario Página 12 dedicó a modo de homenaje por el 100 aniversario de la Revolución Rusa un extenso artículo, escrito por Verónica Gago, donde refleja distintas aspectos de la vida revolucionaria de Rosa Luxemburg que reseña de La Rosa Roja, nueva publicación de nuestra editorial.
El artículo de Gago pincela con admiración distintos aspectos de la vida y la obra de la gran revolucionaria polaca que La Rosa Roja rebela, como fue su oposición a la Primera Guerra Mundial o la importancia de la huelga general política, destacando los dibujos y la rigurosidad con la que Kate Evans logró esta biografía gráfica.
Sin embargo, en el único párrafo dedicado a la posición de Rosa Luxemburg sobre la Revolución de Octubre la autora afirma: “Entusiasta de la Revolución Rusa de 1917 –escribe que es ‘el acontecimiento más grandioso de la guerra mundial’–, no deja de lanzar críticas a varias de sus medidas planteando el problema de la relación entre democracia y socialismo de manera tal que pone en cuestión el sentido mismo de la revolución como acontecimiento y su capacidad de abrir el verdadero proceso de transformación”. Esta afirmación, de que las críticas pusieron en cuestión el sentido mismo de la revolución, consideramos que no es correcta históricamente. Pasemos a demostrarlo.

El marxismo de Rosa Luxemburg y la Revolución Rusa

Rosa fue parte de la tradición, junto con Lenin y Trotsky, que concebía el marxismo no como un dogma sino como una teoría y práctica viva, que diera cuenta de los profundos cambios que se produjeron en la época ante el pasaje del capitalismo de libre competencia al de su fase imperialista. Combatieron contra las tendencias revisionistas como la de Eduard Bernstein que engendró la idea imposible de alcanzar el socialismo de manera evolutiva en los marcos de la democracia burguesa, vía la intervención en los sindicatos y el Parlamento.
Ellos se enfrentaron a los grandes maestros del marxismo como lo fueron Gueorgui Plejanov y Karl Kautsky que, aferrados a las viejas teorías del marxismo clásico que solo consideraba adecuada la revolución socialista para los países avanzados, terminaron condenando la revolución en aquellos países atrasados económicamente como Rusia. Tanto Rosa Luxemburg como Lenin y Trotsky eran internacionalistas, contrarios a cualquier concepción nacional del socialismo.
Es por esto que, a diferencia de los máximos dirigentes alemanes, Rosa Luxemburg saludó la Revolución de 1917 con gran entusiasmo. Desde la cárcel intentó seguir la poca y sesgada información que –como se puede imaginar– llegaba a Alemania a través de los grandes medios. Es posible que haya sido uno de los motivos por los que Rosa decidió no publicar su único trabajo inacabado, La Revolución Rusa –además de algunas menciones que dedicó en cartas–sobre el tema. Tampoco su amigo y compañero Leo Jogiches quiso hacerlo, mencionando que Rosa había modificado posiciones esenciales (1).
Lo cierto es que el peligro mayor que previó Rosa Luxemburg era el aislamiento de la revolución, al mismo tiempo que daba cuenta de su trascendencia histórica, como le contaba a su amiga Luise Kautsky.
"¿No te alegras de lo de los rusos? Bien entendido, no van a poder sostenerse en ese sabbat infernal, no porque las estadísticas arrojen un desarrollo económico excesivamente atrasado en Rusia, como afirma tu juicioso esposo, sino porque la socialdemocracia de los países económicamente desarrollados de occidente está compuesta por miserables cobardes que observan tranquilamente cómo los rusos se desangran. Pero el peligro mortal vale más que ’vivir para la patria’; es un acto de una envergadura histórica mundial cuyos trazos permanecerán marcados a través de los siglos (2)".
El contenido de su crítica, como afirma su biógrafo Paul Frölich fue alertar sobre los peligros que enfrentaba la revolución en el marco de las duras contradicciones que se suscitaban cotidianamente. Era impensado dejar a un lado los peligros, una idealización de la revolución o una postura acrítica, ajena al espíritu de los bolcheviques y de todo quien se considerase marxista revolucionario.
"No caben dudas de que los dirigentes de la Revolución Rusa, Lenin y Trotsky, han dado más de un paso decisivo (…) nada debe estar más lejos de su pensamiento que la idea de que todo lo que hicieron y dejaron de hacer debe ser considerado por la Internacional como un ejemplo brillante de política socialista que sólo puede despertar admiración acrítica y un fervoroso afán de imitación (3)".
El trabajo contiene críticas muy duras en relación a la política de los bolcheviques vinculadas a la reforma agraria, el derecho de autodeterminación de las naciones, la democracia y el terror.
"¡Sí, dictadura! Pero esta dictadura consiste en la manera de aplicar la democracia, no en su eliminación, en el ataque enérgico y resuelto a los derechos bien atrincherados y las relaciones económicas de la sociedad burguesa, sin lo cual no puede llevarse a cabo una transformación socialista. Pero esta dictadura debe ser el trabajo de la clase y no de una pequeña minoría dirigente que actúa en nombre de la clase; es decir, debe avanzar paso a paso partiendo de la participación activa de las masas; debe estar bajo su influencia directa, sujeta al control de la actividad pública; debe surgir de la educación política creciente de la masa popular (4)".
No obstante, las críticas y sus diferencias reales están reñidas con las interpretaciones reformistas o autonomistas que han querido colocarla afuera de la tradición del marxismo revolucionario, como se puede leer párrafos más adelante, donde vuelve a relacionarlas a los peligros que enfrentaba la revolución:
"Todo lo que sucede en Rusia es comprensible y refleja una sucesión inevitable de causas y efectos, que comienza y termina en la derrota del proletariado en Alemania y la invasión de Rusia por el imperialismo alemán. Seria exigirles algo sobrehumano a Lenin y sus camaradas pretender que en tales circunstancias apliquen la democracia más decantada, la dictadura del proletariado más ejemplar y una floreciente economía socialista. Por su definida posición revolucionaria, su fuerza ejemplar en la acción, su inquebrantable lealtad al socialismo internacional, hicieron todo lo posible en condiciones tan endiabladamente difíciles. El peligro comienza cuando hacen de la necesidad una virtud, y quieren congelar en un sistema teórico acabado todas las tácticas que se han visto obligados a adoptar en estas fatales circunstancias, recomendándolas al proletariado internacional como un modelo de táctica socialista".
El contexto de los combates que dio Rosa Luxemburg contra la socialdemocracia en Alemania –un partido que contaba con millones de votantes y puestos en el Parlamento y en los sindicatos que se fue burocratizando cada vez más como una aparato que reemplazaba la acción de masas–fue muy diferente respecto al de Lenin. El fundador del Partido Bolchevique, de manera opuesta, luchaba contra la represión de la dictadura zarista que permanentemente dispersaba los intentos de organización de los revolucionarios fue quien más rápidamente llegó a la conclusión de qué tipo de partido era necesario para enfrentar el poder del Estado burgués. Esto motivó diferencias sobre la relación entre espontaneidad y conciencia, entre otras, pero nunca en torno a la necesidad de un partido revolucionario que apostara a destruir el capitalismo de raíz. La fundación del Partido Comunista alemán por parte de Rosa Luxemburg y sus compañeros, a principios de enero de 1919, es la mejor comprobación de esto y de hasta donde llegaban sus críticas a los bolcheviques y la Revolución Rusa y de hasta dónde no.
El 15 de enero de 1919, Rosa Luxemburg fue asesinada por las tropas de choque del régimen alemán gobernado por la socialdemocracia, o sea poco más de un año después que se iniciara la Revolución de Octubre. Flaco favor quienes la excluyan de la tradición revolucionaria a la que entregó su vida. Trotsky enfrentó tanto al estalinismo como a las tendencias antipartido que pretendieron utilizar la obra de Rosa para tal fin en dos artículos que recomendamos “Fuera las manos de Rosa Luxemburg” y “Luxemburg y la IV Internacional”.
Es por esta reivindicación profunda del sentido transformador de la revolución que Rosa Luxemburg termina su folleto:
"Pero hay que distinguir en la política de los bolcheviques lo esencial de lo no esencial, el meollo de las excrecencias accidentales. En el momento actual, cuando nos esperan luchas decisivas en todo el mundo, la cuestión del socialismo fue y sigue siendo el problema más candente de la época. No se trata de tal o cual cuestión táctica secundaria, sino de la capacidad de acción del proletariado, de su fuerza para actuar, de la voluntad de tomar el poder del socialismo como tal. En esto, Lenin, Trotsky y sus amigos fueron los primeros, los que fueron a la cabeza como ejemplo para el proletariado mundial; son todavía los únicos, hasta ahora, que pueden clamar con Hutten: ’¡Yo osé!’ Esto es lo esencial y duradero en la política bolchevique. En este sentido, suyo es el inmortal galardón histórico de haber encabezado al proletariado internacional en la conquista del poder político y la ubicación práctica del problema de la realización del socialismo, de haber dado un gran paso adelante en la pugna mundial entre el capital y el trabajo. En Rusia solamente podía plantearse el problema. No podía resolverse. Y en este sentido, el futuro en todas partes pertenece al ’bolchevismo’".

Andrea Robles
Querellante en la Causa Triple A |miembro del staff de Ediciones IPS| @RoblesAndrea

NOTAS

1. Fue publicado finalmente en 1922 por cuenta propia de Paul Levi luego de su expulsión del Partido Comunista. Ver en la biografía de Paul Frölich, Rosa Luxemburg, Buenos Aires, Ediciones IPS, 2013, pp. 273-4.
2. Rosa Luxemburg, Briefe an Karl und Luise Kautsky, citado en la biografía de Frölich, p. 271.
3. La Revolución Rusa
4. Ibídem.

Rosa Luxemburg y la Revolución rusa, algunas controversias

Un texto sobre la Revolución rusa escrito en prisión por Rosa Luxemburg en 1918 y publicado póstumamente ha dado lugar a diferentes interpretaciones y “usos”. Apuntes para un debate necesario sobre sus posiciones y controversias.

El contexto de una publicación

En septiembre de 1918, mientras se encontraba presa, Rosa Luxemburg bosquejó un artículo sobre la Revolución Rusa, con muchos elementos críticos acerca de la política de Lenin y Trotsky. La dirección de la Liga Espartaco la convenció de que no era conveniente publicarlo en ese momento, en medio de los ataques del imperialismo alemán a la naciente revolución. Rosa Luxemburgo apuntó entonces un borrador con sus opiniones y se lo entregó de forma personal a Paul Levi. “Escribo esto para ti, y si logro convencerte a ti el esfuerzo no estará perdido”, aclaró.
Cuando escribió ese trabajo, Rosa Luxemburg se encontraba aislada hacía más de un año en las cárceles alemanas, con poca información sobre lo que estaba ocurriendo en Rusia, mientras la prensa imperialista intentaba evitar que los obreros pudieran conocer los acontecimientos revolucionarios. Cuando salió de la cárcel en noviembre de 1918, Luxemburg nunca intentó publicar su texto carcelario. Por el contrario, escribió varias cartas y artículos donde se muestra que en varias cuestiones claves estaba cambiando de opinión o la había modificado sustancialmente, como en la polémica sobre la asamblea constituyente [ver más adelante].
¿Por qué se publicó años después su folleto? Fue una decisión exclusiva de Paul Levi, quien entonces era un exdirigente del Partido Comunista alemán. Éste lo publicó en 1922 con la oposición tajante de los amigos y camaradas de Rosa Luxemburg, como Clara Zetkin, quienes sostenían que el escrito no reflejaba sus opiniones en los últimos meses de su vida. Levi lo publicó después de haber sido expulsado del Partido Comunista alemán y de la Tercera Internacional, cuando se encontraba en un proceso de ruptura abierta con el comunismo. Había iniciado un marcado giro político hacia la derecha que lo llevaría primero a fundar un grupo propio (KAG), después a integrarse al Partido Socialista Independiente (donde quedaba su ala derecha, ya que su ala izquierda había roto para ingresar al Partido Comunista alemán) y finalmente a reintegrarse en la socialdemocracia.
Así lo retrataba León Trotsky en un artículo: “Parte de la misma ceguera por su deseo de venganza es la publicación tardía del artículo crítico de Rosa Luxemburg contra el bolchevismo por parte de Levi. En el curso de estos últimos años todos hemos tenido que aclarar muchas cosas en nuestras propias mentes y aprender bastante con los golpes directos de los acontecimientos. Rosa Luxemburg llevó a cabo ese trabajo ideológico más lento que otros porque tuvo que observar los acontecimientos desde los márgenes, desde los pozos de las cárceles alemanas. Su manuscrito publicado recientemente caracteriza solo una etapa particular en su desarrollo espiritual y por tanto es de importancia biográfica, pero no teórica.” (“Paul Levi y algunos izquierdistas”).
La ruptura de Levi con el comunismo era radical. En 1921 escribió una introducción al folleto de Luxemburg, donde se preguntaba qué quedaba de la dictadura del proletariado después de la NEP y respondía: “Nada”. “Nada de su aspecto objetivo, nada de sus aspectos subjetivos”. (Citado por Ian Birchall, Paul Levi in Perspective, 2015). Es decir, la publicación del folleto por parte de Levi era un “dardo envenenado” contra los bolcheviques, utilizando para ello la autoridad de Rosa Luxemburg.
En las décadas siguientes, el folleto fue utilizado reiteradamente por diversas corrientes liberales o socialdemócratas para intentar mostrar una oposición de principios entre Rosa Luxemburgo y la Revolución rusa. Una argumentación en el mismo sentido se encuentra en el prólogo que escribió Hannah Arendt cuando se publicó la biografía sobre Rosa Luxemburgo de Peter Nettl en 1966 y que ha sido reeditado como prólogo a su folleto sobre la Revolución rusa, con ocasión del centenario de la revolución de octubre (Editorial Página Indómita, Madrid, 2017).
Decía allí H. Arendt: “¿Y acaso los acontecimientos no le dieron la razón? ¿No es la historia de la Unión Soviética una larga demostración de los temibles peligros de las ‘revoluciones deformes’? (…) ¿No es cierto que Lenin estaba ‘completamente equivocado’ por lo que respecta a los medios, que el único camino hacia la salvación pasaba por ‘la escuela de la vida pública [en sí misma], por la democracia y la opinión pública más amplias e ilimitadas’, y que el terror ‘desmoralizó’ a todos y lo destruyó todo?”
De este modo, Arendt contraponía la “democracia y la opinión pública” a los “errores de Lenin”, ubicando a Rosa Luxemburg en el campo de la democracia en general. Pero, como veremos a continuación, esta imagen de Luxemburg como una defensora de la democracia liberal es una falsificación de sus argumentos y no se corresponde con sus opiniones sobre la revolución rusa, la dictadura del proletariado, la democracia de los soviets y el rol histórico del partido bolchevique.

“¡Ellos se atrevieron!”

Rosa Luxemburg se encontraba detenida cuando le llegaron las primeras noticas del comienzo de la Revolución rusa, en marzo de 1917, y seguía en la cárcel cuando los bolcheviques tomaron el poder. Desde el comienzo, expresó una gran admiración por la Revolución Rusa y por los bolcheviques: “Lenin, Trotsky y sus amigos fueron los primeros, los que fueron a la cabeza como ejemplo para el proletariado mundial; son todavía los únicos, hasta ahora, que pueden clamar con Hutten: ‘¡Yo osé!’”
Luxemburgo reivindica el papel histórico del partido de Lenin, contraponiéndolo al rol de la socialdemocracia occidental y al menchevismo: “En esta situación, la tendencia bolchevique cumplió la misión histórica de proclamar desde el comienzo y seguir con férrea consecuencia las únicas tácticas que podían salvar la democracia e impulsar la revolución. Todo el poder a las masas obreras y campesinas, a los soviets: éste era, por cierto, el único camino que tenía la revolución para superar las dificultades; ésta fue la espada con la que cortó el nudo gordiano, sacó a la revolución de su estrecho callejón sin salida y le abrió un ancho cauce hacia los campos libres y abiertos.”
En el marco de una profunda reivindicación hacia la Revolución, Luxemburg formula una serie de críticas y reflexiones centradas en la cuestión agraria, la autodeterminación nacional, la disolución de la Asamblea constituyente, los mecanismos de la democracia y los métodos del “terror” revolucionario. Estas reflexiones han sido la base para los “usos” antibolcheviques de Rosa Luxemburg y por ello merecen nuestra atención.

Críticas y reflexiones

En un trabajo de enero de 1922, Georg Lukács polemizaba con la crítica de Rosa Luxemburgo a la Revolución Rusa. Partiendo del hecho de que después de salir de la cárcel Luxemburgo cambió de posición en cuestiones fundamentales, Lukács señala que comprobar esto no era suficiente. Se propone entonces debatir con los argumentos escritos, para mostrar sus fallas.
Como caracterización más general, Lukács señala que en este folleto “Rosa Luxemburgo opone sin cesar, a las exigencias del momento, los principios de etapas futuras de la Revolución.” Y dice que en su apreciación de la revolución en curso hay una “sobrestimación de su carácter puramente proletario y, por tanto, la sobrestimación del poder exterior y la lucidez y madurez interiores que la clase proletaria puede poseer en la primera fase de la revolución y ha poseído efectivamente. Y se ve aparecer al mismo tiempo, como el reverso, la subestimación de la importancia de los elementos no proletarios fuera de la clase y del poder de tales ideologías dentro del proletariado mismo”.
Esta oposición entre las “exigencias de la situación” (es decir las cuestiones de táctica en relación con la estrategia) y los “principios de etapas futuras de la Revolución”, salta a la vista en cómo aborda Luxemburg la cuestión agraria y la cuestión de las nacionalidades oprimidas.
Aquellos que buscan leer el folleto en ‘clave socialdemócrata’ no suelen citar sus posiciones sobre estos temas, porque en este terreno Luxemburg hacía una crítica “izquierdista” frente al programa de los bolcheviques. Ella opinaba que en ambas cuestiones los revolucionarios rusos estaban cediendo frente a un programa “democrático” o “nacional” que no era propio de la clase obrera, sino de otras clases (el campesinado en la cuestión agraria, y la burguesía nacional en el caso de la autodeterminación). Como definición general, podemos decir que Luxemburg era partidaria de llevar adelante tareas “directamente socialistas”, sin tener en cuenta cómo se relacionaban éstas con las tareas inconclusas de la revolución burguesa en Rusia.
Sobre la cuestión agraria, Luxemburg cuestionaba la entrega de la tierra a los comités campesinos para su distribución, y la oponía a la necesidad de socializar el conjunto de la tierra como tarea directamente “socialista”. El reparto de la tierra había sido históricamente el programa del partido campesino, pero había sido incorporado por los bolcheviques para ganar para la revolución a millones de campesinos que ya estaban llevando adelante una revolución en el campo. Los bolcheviques apostaban así a fortalecer la alianza obrera-campesina, bajo dirección del proletariado, mientras con el tiempo intentarían convencer al campesinado pobre de las conveniencias prácticas de la socialización.
Luxemburg, en cambio, pensaba que la entrega de la tierra a los campesinos iba a desarrollar las tendencias más egoístas en los mismos, favoreciendo a los campesinos ricos. Pronosticaba que una vez que se hubieran hecho con la tierra, los campesinos no iban a defender la revolución. Su profundo error se demostró históricamente poco después, cuando el campesinado jugó un papel crucial en la guerra civil para la defensa de la revolución. Aunque Luxemburg estaba acertada en que en el futuro se podía desarrollar una contradicción creciente entre los campesinos ricos y el programa de la clase obrera, su crítica era unilateral y ultimatista. Si su programa se hubiera intentado aplicar en los primeros días de la revolución, esta hubiera sido seguramente derrotada antes de comenzar.
En la cuestión nacional, Luxemburg siempre tuvo una posición sectaria, contraria a levantar el derecho a la autodeterminación. En un artículo de 1914, Lenin debatía con la posición de Luxemburg, denunciando que, llevada por la lucha contra el nacionalismo en Polonia, había “olvidado el nacionalismo de los rusos, aunque precisamente este nacionalismo es ahora el más temible.” Los bolcheviques declararon el derecho a la autodeterminación de los pueblos y “solo por este camino el proletariado ruso pudo conquistar de a poco la confianza de las nacionalidades oprimidas”, como analiza Trotsky en Historia de la Revolución Rusa.
En ambas cuestiones Luxemburg subestimaba la importancia del programa democrático para fortalecer la alianza entre la clase obrera y otros sectores de la población oprimida. Planteaba reflexiones que tenían elementos correctos, pero confundía objetivos de largo plazo de la revolución socialista con las tareas concretas de táctica y estrategia.

Democracia burguesa y democracia obrera

El nudo la crítica de Luxemburg a la Revolución rusa en su manuscrito se encuentra en las opiniones sobre la Asamblea constituyente y la democracia. Luxemburg cuestiona la disolución de la Asamblea constituyente por los bolcheviques y considera un error de Lenin y Trotsky sustituirla por el régimen de los soviets.
La defensa de la Constituyente fue tomada posteriormente como “bandera” por la socialdemocracia occidental, con Kautsky como su principal vocero, como forma de atacar a los bolcheviques bajo un discurso “democrático”. Pero solo aislando partes del folleto de Luxemburg del conjunto de su obra teórica puede plantearse que hace una defensa general de los mecanismos de la democracia burguesa contra la democracia obrera. En concreto, Luxemburg no comparte el cambio de táctica de los bolcheviques, que durante meses habían agitado la necesidad de convocar a la Asamblea constituyente (AC), pero que cuando ganan la mayoría en los soviets, y los soviets toman el poder, proceden a disolverla. Lo que no llega a percibir Luxemburg, por carecer de un análisis concreto de la situación en esos meses decisivos, es que en el enfrentamiento entre la AC y los soviets se estaba expresando la lucha entre dos regímenes sociales contrapuestos. Por eso la contrarrevolución se atrinchera en la defensa de la AC, tratando de vestir bajo una cobertura “democrática” el sostenimiento del antiguo orden de la propiedad privada.
En el mismo sentido, Lukács afirma que, cuando Luxemburg hace una defensa de la “libertad de expresión” en su manuscrito carcelario “jamás se trata de la defensa vulgar de la libertad en general” en un sentido liberal, sino que su posición se desprende de un error en la apreciación sobre el agrupamiento de fuerzas y la ubicación de los mencheviques y socialistas revolucionarios, que se habían pasado ya abiertamente al campo de la contrarrevolución.

La experiencia de la Revolución alemana: consejos obreros o Asamblea Nacional

Es justamente en la cuestión de la Asamblea Constituyente donde la posición de Luxemburg cambió más claramente después de salir de la cárcel, al calor de la experiencia de la Revolución alemana, como lo documenta Paül Frölich en su biografía.
En su primer artículo en Die Rote Fahne, el 18 de noviembre de 1918, Luxemburg señala los objetivos revolucionarios en Alemania: “Del objetivo de la revolución se deduce nítidamente su camino, de la tarea se deduce el método. Todo el poder en manos de la masa trabajadora, en manos de los consejos de obreros y soldados, consolidación de la revolución frente al enemigo que acecha.” Y, advirtiendo sobre los peligros que se preparan, señala: “El gobierno actual convoca la Asamblea Constituyente, crea así un contrapeso burgués frente a los consejos de obreros y soldados, desplaza así la revolución y la pone sobre los carriles de la revolución burguesa, escamotea los fines socialistas de la revolución.” Frölich sostiene que se trata claramente de una revisión de su crítica a la Revolución rusa, partiendo de la experiencia de la Revolución alemana.
Dos días después, Luxemburg vuelve sobre la misma idea, denunciando la Asamblea Nacional como baluarte de la democracia burguesa para intentar liquidar la revolución: “La Asamblea Nacional es una herencia superada de las revoluciones burguesas, un recipiente vacío, un accesorio de la época de las ilusiones pequeñoburguesas de ‘pueblo unido’ de ‘libertad, igualdad y fraternidad’ del Estado burgués. Quien hoy ha recurrido a la Asamblea Nacional condena consciente o inconscientemente a la revolución a la etapa histórica de las revoluciones burguesas; es un agente encubierto de la burguesía o un ideólogo inconsciente de la pequeñoburguesía…”
Y sobre la cuestión más abstracta de “democracia o dictadura”, afirma: “actualmente no se trata de elegir entre democracia o dictadura, la cuestión puesta por la historia en el orden del día es la de democracia burguesa o democracia socialista. Porque la dictadura del proletariado es la democracia en el sentido socialista.” Finalmente, en el programa de la Liga Espartaco, publicado el 14 de diciembre, reitera una concepción marxista sobre la cuestión del Estado: “Desde el punto más alto del Estado hasta la comuna más pequeña, las masas proletarias deben remplazar los órganos tradicionales de la dictadura de clase burguesa, consejos federales, parlamentos, consejos municipales, por sus propios órganos de clase, los consejos de obreros y soldados.”

Algunas conclusiones

Las corrientes que pretenden usar el legado de Rosa Luxemburg para contraponerlo al leninismo, para mostrarla como representante de un “socialismo democrático” o pacifista se basan en citas aisladas y descontextualizadas de un texto inconcluso que la propia Luxemburg jamás publicó. En segundo lugar, omiten que, en las cuestiones centrales como el debate sobre la Asamblea Constituyente, Rosa Luxemburg cambió de opinión después de salir de la cárcel, como lo demuestran sus escritos en el curso de la Revolución alemana.
Pero, sobre todo, se pasa por alto que en el mismo momento en que escribió esas críticas, siempre las consideró en el marco de un debate entre revolucionarios, alrededor de las difíciles tareas de la transición al socialismo, en un país atrasado como Rusia, y luchando contra el aislamiento internacional, producto de la traición de la socialdemocracia occidental. Sus críticas jamás cambiaron su valoración excepcional de la obra que habían iniciado los bolcheviques, como dejó claro en la conclusión de ese mismo texto.
“Los bolcheviques demostraron ser capaces de dar todo lo que se puede pedir a un partido revolucionario genuino dentro de los límites de las posibilidades históricas. No se espera que hagan milagros. Pues una revolución proletaria modelo en un país aislado, agotado por la guerra mundial, estrangulado por el imperialismo, traicionado por el proletariado mundial, sería un milagro. Pero hay que distinguir en la política de los bolcheviques lo esencial de lo no esencial, el meollo de las excrecencias accidentales. En el momento actual, cuando nos esperan luchas decisivas en todo el mundo, la cuestión del socialismo fue y sigue siendo el problema más candente de la época. No se trata de tal o cual cuestión táctica secundaria, sino de la capacidad de acción del proletariado, de su fuerza para actuar, de la voluntad de tomar el poder del socialismo como tal. En esto, Lenin, Trotsky y sus amigos fueron los primeros, los que fueron a la cabeza como ejemplo para el proletariado mundial; son todavía los únicos, hasta ahora, que pueden clamar con Hutten: “¡Yo osé!” Esto es lo esencial y duradero en la política bolchevique. En este sentido, suyo es el inmortal galardón histórico de haber encabezado al proletariado internacional en la conquista del poder político y la ubicación práctica del problema de la realización del socialismo, de haber dado un gran paso adelante en la pugna mundial entre el capital y el trabajo. En Rusia solamente podía plantearse el problema. No podía resolverse. Y en este sentido, el futuro en todas partes pertenece al “bolchevismo”.”
En su manuscrito, Luxemburgo ponía el acento en la necesaria ligazón entre la Revolución Rusa y la revolución internacional, y apuntó su crítica contra la socialdemocracia occidental, por no haber acudido en ayuda de los bolcheviques. El aislamiento de la revolución rusa y la traición de la socialdemocracia planteaban nuevos y complejos problemas a la primera revolución socialista triunfante de la historia, señalaba Luxemburg. A fines de 1918, Rosa fue liberada de prisión y se lanzó a una intensa actividad política en lo que serían las últimas semanas de su vida. El 15 de enero los dirigentes espartaquistas -fundadores del Partido Comunista alemán-, Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, fueron arrestados y asesinados. Toda la responsabilidad de este crimen recae en la socialdemocracia internacional.
La obra de Rosa Luxemburg es controversial en varios aspectos, y durante su vida mantuvo intensas polémicas con Lenin y Trotsky, pero en lo fundamental compartieron un punto de vista revolucionario. A cien años de la Revolución rusa, retomar el legado de Rosa Luxemburgo, conocer los fuertes debates teóricos que desarrolló en el seno de la Segunda y la Tercera Internacional, sus importantes aciertos y también sus errores, es una tarea de formación fundamental para nuevas generaciones que se propongan construir organizaciones revolucionarias y plantearse el objetivo de superar las miserias del capitalismo por medio de la revolución mundial. Desde Ediciones IPS en Argentina y la Asociación Izquierda Diario en el Estado español hemos iniciado la publicación de libros que permiten a nuevas generaciones conocer estos debates y su biografía revolucionaria.

Josefina L. Martínez
Historiadora | Madrid